Para todos aquellos que no los conozcan, Mortadelo y Filemón son los protagonistas de una historieta, un cómic de humor, que a través de sus viñetas regaló cientos de sonrisas a los niños y adolescentes que, como yo, leíamos sus historias en los 70 y los 80. En sus orígenes Mortadelo y Filemón eran una parodia del doctor Watson y Sherlock Holmes, para pasar luego a convertirse en una suerte de torpes u burdos espías que al mando de su agencia de investigación – la TIA en burla a la CÍA – cometían toda clase de tropelías y equívocos. Como en toda historieta, sus desventuras y fracasos provocaban la hilaridad del lector.
Realizo esta pequeña introducción para situarles, en clave de humor, en la historia que voy a intentar desgranar. Supongo que cuando lean, muchos tomarán estas líneas a risa; espero que otros – ojalá muchos - tomen en serio el asunto y sientan la curiosidad suficiente como para indagar algo más sobre la cuestión.
En Argentina – ahora que parece que la pasta celulosa y el papel diario se han convertido en bienes vitales para la supervivencia de la “democracia con más democracia” – ocurre lo que en el mundo entero: Internet, herramientas como los digitales, los blogs, Twitter y alguna otra red social, son vehículos de difusión de la información y la opinión cada vez más importantes y populares.
Estos nuevos medios de expresión de la libre opinión no sólo son utilizados por anónimos ciudadanos. Numerosos políticos, funcionarios y otros líderes sociales se han volcado con gran intensidad y fruición a la utilización del universo 2.0. Allí, por citar tan sólo dos ejemplos, es conocida la presencia en Twitter o en un blog de personalidades como el Canciller Timerman o el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández. Ellos son famosos, los miles de anónimos ciudadanos que son bloggers o twitteros no lo son. Yo misma, a pesar de escribir en esta columna e intervenir en un pequeño espacio en radio FM Urquiza de Buenos Aires, cuento además con mi propio blog, en el que vuelco mi opinión sobre política, economía o algún otro asunto de actualidad.
Estar al tanto, saber qué se “cuece”, incluso me atrevería a insinuar – controlar – a toda esta maraña de personas que posteamos o twitteamos es tarea imposible de abarcar. A pesar de ello, pareciera que la paranoia podría haberse apoderado de nuestras vidas. Quiero imaginar que es sólo eso, nada más.
Cuando varios bloggers –mayoritariamente los críticos con el gobierno - recurrimos a herramientas tan sencillas como un contador de visitas o los datos de registro que quedan almacenados en nuestro panel de control cada vez que alguien nos comenta y comprobamos con estupor que existen entradas desde direcciones sospechosas o que numerosas – decenas e incluso centenas – de visitas se producen en el mismo día y desde la misma IP, pensamos que estamos al borde de la locura o que se nos ha inflado el ego de forma peligrosamente enfermiza. ¿Quién malgastaría su tiempo, incluido el pago, en leer, releer, comentar una y otra vez y sistemáticamente los blogs dónde se expresan opiniones que no van de la mano del relato oficial?
Ser autor o autora de un blog no debería comportar en principio más sinsabores que comprobar que aquellos que te leen no coinciden siempre con tu opinión. Es lógico; nadie ni nada puede gustar siempre y a todos. Lo normal es que estos comentaristas críticos dejen su comentario en contra de lo expuesto por el autor del blog y la cosa quede ahí, sin más. Pero de vez en cuando – por no decir frecuentemente – aparecen abultadas y disciplinadas “guerrillas” que lejos de leer y comentar en contra, pasan a batallar con armas tales como insultos, agresiones verbales discriminatorias o difamatorias e incluso – estos son los más aguerridos – con amenazas o mención pública de algún dato personal que el autor o autora del blog no recuerda haber compartido jamás con nadie.
En mi caso cuento esto muy alegremente porque estando a más de 12.000 km de distancia, una se siente bastante a salvo de “guerrillas” mediáticas bolivarianas o fans de las mismas. Imagino que otra cosa muy distinta debe sentirse cuando se vive, por ejemplo, en Capital Federal o Gran Buenos Aires y tienes constancia que quien acaba de citar en un comentario tu nombre y apellidos reales (que tú jamás has revelado en el blog) puede vivir en la misma ciudad; ahí la cosa, mosquea un poquito más. Por supuesto doy por descontado que suponer, como dicen ustedes, que te estén “caminando” o haciendo “la ficha”, es un mito urbano y no una realidad que ¿pudieras? confirmar.
La historia adquiere visos de novela negra de ficción cuando un día, hastiado o hastiada de la “guerrilla”, el autor del blog recurre desesperado a un grupo de compañeros bloggers (que no conoce de forma personal pero cuyos blogs lee con cierta asiduidad) y comprueba entre un sudor frío y una dosis de estupor, que su extensa lista de IPs de comentaristas disidentes y la de los demás, coincide en un 90%. En ese momento – al menos a mí – la cosa se te hace grande y te sientas a reflexionar qué pretenderán esas “guerrillas” que saltan sin descanso mañana, tarde y noche, de un blog a otro.
El desasosiego, rayando la psicosis, se apodera de ti cuando – como me ha confesado un compañero blogger – se puede comprobar que la misma dirección IP registra 300 ingresos a lo largo de 12 horas. En ese caso la poca cordura que aún albergas te dice que: a) que el tipo/a se ganó la lotería, b) que algunos no tienen mejor divertimento en qué gastar su sustento que leer una y otra vez el mismo blog o c) que hay unos cuantos que se han tomado lo de leer y releer compulsivamente un blog que no se corresponde con su identidad política o ideológica como una tarea heroica para con esta sociedad libre, democrática y tan nacional y popular.
Para más INRI, como conoces algunos recursos útiles, -por ejemplo la web www.whois.lacnic.net -, entre incrédula y angustiadita viva un día se te ocurre tirar de lista y compruebas que otro 90% de las IPS de los comentaristas de la “guerrilla” remite a una o dos direcciones físicas y muy concretas de Capital Federal dónde, tras algunas averiguaciones y consultas a fuentes bien informadas, te comunican que tiene sede una oficina operativa de un organismo, – vamos a ser genéricos –, que podría dedicarse a “observar”. Lo dejo ahí, no digo más, no sea que por las noches oiga voces bolivarianas al pié de mi balcón.
Dicen los gallegos –los de la Galicia real – que “meigas haberlas haylas”. Con esta frase quieren expresar que no están seguros de que existan brujas pero que casi lo podrían confirmar. Así, con ironía gallega, a pesar de barnizar muy intencionadamente este relato con humor, me atrevería a afirmar que en el mundo blogger de allá, existen “Mortadelos y Filemones” que persiguen no sé qué misión. Si alguno de ellos me está leyendo acá le recomiendo que ocupe sus horas y, quizá ese lugar físico y oficial, en tareas de mayor importancia y contribución al interés general que tratar de amedrentar a simples bloggers de a pié.
Prácticamente desde mis comienzos, hace unos dos años ya, en esto del análisis y la opinión sobre política argentina he encontrado decenas de notas en digitales, blogs y foros - incluso alguna columna de opinión de reputados periodistas -, que aludían a estas mismas o muy parecidas ¿leyendas urbanas? que acabo de contar. Curiosamente en muchos de ellos se cita la misma dirección física y el mismo organismo que yo he sugerido tímidamente. También curiosamente, si alguien llegara a la conclusión de que la leyenda puede ser ¿real?, comprobaría que la misión y los recursos que la ley atribuye a este organismo es otra muy distinta que la de comentar frenética y agresivamente en blogs.
“Ver para creer” dice el refrán. Les aseguro que un buen puñado de bloggers alguna que otra cosa “extraña” hemos podido vislumbrar. Por cierto, mañana lunes a las 9.30 hora argentina y en vivo a través de FM URQUIZA (www.fmurquiza.com) en el programa “Realidad 2010”, podrán escucharme, si así lo desean, contando algún detalle más sobre esta cuestión.
Si tras estas líneas y mi intervención en radio mañana, alguien con más recursos, contactos y posibilidades quiere ir más allá, la cosa podría ponerse interesante de verdad. Si así fuera, que chifle y nos avise.
* Mi agradecimiento a las personas que con su tiempo, testimonios e información, me han ayudado a la elaboración de esta columna.







