Valle de Lerma
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Celos entre pueblos cercanos
Cerrillos y Rosario de Lerma han vivido en paz durante más de dos siglos. El buen entendimiento entre pueblos está hoy en peligro a causa de un revisionismo histórico que parece negar a Rosario su contribución a la independencia de la patria.
Plaza central de Rosario de Lerma
Plaza central de Rosario de Lerma

Hace solo cuarenta años atrás, Rosario de Lerma era ya una ciudad industrial, con varias fábricas, sindicatos poderosos, barrios pujantes, calles pavimentadas y servicios bastante desarrollados.

Todo ello, mientras Cerrillos era todavía un pueblo mal ensamblado, con una sola calle de asfalto, sin gas natural, sin saneamiento, con una central telefónica a pedal y una comisaría en la que eran más importantes los chanchos que allí se criaban que los sargentos.

Para compensar estas diferencias sociológicas, Cerrillos estaba habitado, entonces y ahora, por gentes con un orgullo histórico a toda prueba.

Había motivos para ello, pero no tantos como para sentirse infinitamente superior a los otros pueblos del valle.

La razón no era otra que Cerrillos siempre fue un «carrefour», de modo que en aquellas épocas cuando nuestras desavenencias políticas se solucionaban por las bravas, Cerrillos servía como escenario, casi obligado, de batallas y combates del más variado tenor patriótico.

Ahora, después de que Cerrillos se ha hecho más grande que Rosario de Lerma (ciudad de la que heredó la primera central telefónica automática, a finales de los años ochenta), los cerrillanos creen que se puede arrinconar al vecino, negando que en su territorio se hayan librado batallas importantes en la era emancipadora.

Puede que así haya ocurrido, sin dudas, pero eso de elevar el tono de voz y decir que «nunca hubo una batalla en Rosario de Lerma», solo puede revelar dos cosas: una que el historiador que lo afirma no se anotició de las hermosas refriegas carnavaleras que se montaban en Olimpia Oriental y en la carpa de Rafael Jorge; dos, que el llamado «orgullo cerrillano» es una enfermedad del tipo neurodegenerativa.

No podemos negarle a los vecinos su derecho a que tengan una batalla; aunque sea inventada.

Y si no quedara más remedio que admitir que Rosario de Lerma fue siempre un prado pacífico, en donde solo se picaba tabaco, se teñían cueros, se vendían medicamentos y se hacía el amor, siempre es preferible no emplear la contundencia de aquel hombre -nacido en Cerrillos- que se vio forzado a desmentir de forma brutal a un sobrino carnal suyo, después de que este último se hubiera encerrado en que conocía al dedillo la casa donde vivía su abuela paterna en Chicoana.

«¡Mi mama nunca ha vivido en Chicoana, carajo!»

En estos casos, como en muchos otros, es mejor hacerle fiarse de las historias que cuentan los más viejos del lugar.

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