Norte
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

Campaña electoral

Olor a aca. Eso es lo que hay en Tartagal, según el candidato macrista Martín Grande. La culpa no es precisamente de los perros calleros sino de los seres humanos, que mantienen sus excrementos flotando por la superficie en vez de darles un tratamiento adecuado.
Martín Federico Grande, candidato a diputado nacional por Salta
Martín Federico Grande, candidato a diputado nacional por Salta

La afirmación del candidato macrista a diputado nacional por Salta, Martín Grande, de que «Tartagal huele a caca», puede interpretarse como un directo a la mandíbula -o quizá a los intestinos- de su más que probable contrincante en las próximas elecciones, Andrés Zottos.


Si bien es cierto que Tartagal no es la «capital de las flores» y no todo por allí huele a jazmín, tampoco es cierto que los tartagalenses vivan en un estercolero.

Seguramente el problema -si es que existe- no es responsabilidad del intendente Oso Leavy, ni tampoco del senador Zottos. Aquí la que tiene la culpa es esa dama de pechos turgentes y gorro frigio llamada «Nación».

Dicho el términos un poco más directos: todo lo que huela a aca en Salta es cosa de «Nación». Así nos lo ha enseñado ese experto en tirar pelotas afuera que se llama Juan Manuel Urtubey, cuya responsabilidad en materia de obras y servicios se reduce a cero.

Al candidato Grande solo se le puede criticar que tenga un olfato hiperdesarrollado. A Zottos se le perdona todo, por su altura, por sus camperas de cuero y por sus sueños soberanistas. Y a Leavy, en fin, hay que comprenderlo, porque si su oficina está toda descascarada, es que la Municipalidad no tiene recursos ni para lo más básico.

Desde aquella ocasión -ya lejana en el tiempo- en que la presidenta Kirchner se enfundó unas botas de gomas para chapotear en el lodazal tartagalense, la perla del trópico salteño ha sido sistemáticamente ignorada por «Nación».

Pero los tartagalenses pueden estar tranquilos: tan mal como su ciudad huele la Boca, en proximidades del Riachuelo; la bella Venecia, San Petersburgo y hasta Amsterdam. Solo que en esta última ciudad, con tantas flores, con tantas bicicletas y tantas prostitutas detrás de una vidriera, nuestros sentidos están ocupados en otros menesteres.

Lo verdaderamente hiriente para Tartagal es que Grande hubiera dicho que allí huele a caca a causa del derrame cerebral de algún opositor suyo. Pero esto, afortunadamente, no ha sucedido.

Artículos leídos recientemente

eXTReMe Tracker