Urbanismo
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

Cosas raras que pasan

Las contradicciones mentales de los salteños puestas de manifiesto en su amor por el estilo colonial y en el rechazo ideológico hacia los colonizadores.
Imagen ilustrativa
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Dice la información oficial de la Municipalidad de Salta, que las tareas de embellecimiento que se están llevando a cabo en las calles peatonales del centro de la ciudad tienen por objeto «devolverle a las peatonales salteñas la calidez y parte del estilo colonial que siempre caracterizó al casco histórico de la ciudad».

La misma ciudad cuyos ediles echaron abajo monumentos y renombraron calles en nombre de la virginidad presunta, aunque agredida, de una tierra martirizada por sus conquistadores, reivindica ahora que la «calidez» del centro de la ciudad no se debe a los pueblos originarios, sino a los colonizadores que nos legaron su estilo.

Si tan perversos eran esos señores que vinieron a subyugar los originarios pobladores de esta tierra con sus espadas y sus crucifijos, muy bueno que se diga no tiene que ser el «aire» arquitectónico que nos legaron.

Pero la vida es así.

Para algunos fantasiosos que etiquetan como «colonial» todo aquello que tenga algún vago parentesco visual con el estilo morisco y el andaluz, es muy bueno llenar las peatonales de macetas colgantes, y crear así una versión altoperuana de los jardines de Babilonia.

En Salta, donde todo parece volar, se llaman «macetas aéreas».

Nadie se anima en esta ciudad a reconocer que las calles peatonales de Salta, así como carecen de historia, carecen también de personalidad. Y que es muy difícil inventarse tanto lo uno como otro.

Una ciudad que se enorgullece de calles tan vulgares como esas, es decididamente una ciudad habitada por personas con una autoestima por los suelos, o por personas con un pésimo gusto.

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