Religión
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Renuncia inesperada

El prelado justifica su decisión en un problema de salud que le impide 'llevar plenamente el ministerio pastoral' que le fue encomendado.
Gustavo Zanchetta, Obispo de Orán
Gustavo Zanchetta, Obispo de Orán

Gustavo Zanchetta, Obispo de la Diócesis de Orán ha presentado su dimisión al papa Francisco, alegando motivos de salud, según da cuenta una misiva hecha pública por el prelado en el día de hoy.


El renunciante se había hecho cargo de la Diócesis el 19 de agosto de 2013, cuando ocupó la vacante dejada por monseñor Marcelo Daniel Colombo, que fue trasladado por el Vaticano a la Diócesis de La Rioja.

Antes de ocupar la prelatura oranense, Zanchetta se desempeñaba en la parroquia de San Francisco de Asís, en Berazategui, Diócesis de Quilmes. Además desempeñó los cargos de subsecretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal Argentina y secretario de la Comisión Episcopal para la Pontificia Universidad Católica Argentina.

En su carta de despedida, el Obispo renunciante se disculpa por «aquello en lo que les haya faltado o decepcionado» y pide por favor a sus fieles que lo sostengan con su oración.

El texto completo de la carta de Zanchetta es la siguiente:

Mis queridos hermanos:

Llego a ustedes por este medio, apenas regresado de Roma, para decirles que he presentado al Santo Padre Francisco mi renuncia como Obispo de la Nueva Orán.

Desde hace tiempo un problema de salud no me permite llevar plenamente el ministerio pastoral que me fue confiado, sobre todo teniendo en cuenta la vasta extensión de nuestro territorio diocesano, y los enormes desafíos que tenemos como Iglesia en el norte de la patria.

Por eso he puesto en manos del Santo Padre esta decisión, que creo es la mejor, sobre todo pensando en ustedes, antes que en mí mismo, y porque la recuperación que debo encarar no puedo hacerla aquí.

Mi gratitud infinita a todos porque son un don de Dios para mi vida. Y muy especialmente a los sacerdotes, diáconos, seminaristas, los miembros de la vida consagrada, y todas las personas que conformamos esta hermosa familia diocesana.

Dado que debo partir lo antes posible para iniciar el tratamiento, me despido con esta carta, aunque quisiera poder estrechar las manos de todos, especialmente de los más pobres, débiles y sufrientes.

Estaremos unidos en la eucaristía y en la oración diaria, y cuando Dios lo quiera, nos volveremos a ver.

Sepan perdonarme en aquello en lo que les haya faltado o decepcionado, y por favor, sosténganme con su oración.

A la Virgen del Carmen, a nuestro Patrono San Ramón Nonato, y a los Siervos de Dios, Padres Pedro Ortíz de Zárate y Juan Antonio Solinas, encomiendo esta nueva etapa de la vida diocesana, sabiendo que no somos más que “simples servidores” (Lc 17,10).


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