Pobreza y desigualdad
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños
Salta abandonada y miserable
El Gobernador de Salta abandona el territorio provincial durante largos periodos de tiempo, mientras los salteños malviven en las condiciones que muestra la fotografía que ha publicado hoy el diario El Tribuno. El tiempo y la energía que Juan Manuel Urtubey derrocha en Buenos Aires son detraídos del cumplimiento de las obligaciones y deberes que, como Gobernador, tiene que cumplir en Salta, y no en otros lugares.
Miseria y marginalidad en el barrio Justicia de Salta - Foto: El Tribuno
Miseria y marginalidad en el barrio Justicia de Salta - Foto: El Tribuno

La fotografía que publica hoy el diario El Tribuno, que corresponde a una parte del barrio Justicia, es extraordinariamente expresiva de la imperdonable miseria en que el gobierno de Urtubey tiene sumidos a una parte importante de los salteños.

El artículo al que la foto ilustra es para poner los pelos de punta a cualquiera, ya que habla nada menos que de las graves enfermedades infantiles que provoca el mal estado del aire que se respira en la zona. Cosas como esta solo se ven en algunas regiones muy pobres del África y del sudoeste de Asia.

La responsabilidad de controlar la pureza del aire es del gobierno, no de los vecinos. Así sucede en casi todas las ciudades del mundo que presentan un cierto grado de desarrollo. En estas ciudades, la información sobre la calidad del aire y la presencia de contaminantes es permanente, obligatoria y muy precisa, hasta el punto de que ocupa en los medios de comunicación espacios semejantes a la información meteorológica y a la del tráfico.

Volviendo a la foto de El Tribuno, en ella se puede apreciar que el sector del barrio retratado no se encuentra precisamente abandonado, pues hay transporte público, hay cordón cuneta y se puede contar hasta siete columnas de alumbrado en unas pocas decenas de metros. Se podría decir, con la debida cautela, que la Municipalidad ha hecho aquí parte de su trabajo, pero que el gobierno provincial brilla por su ausencia.

¿Cómo se explica entonces que tratándose de un barrio que dispone de mínimos servicios públicos, los vecinos vivan en una miseria tan espantosa como la que se puede ver en la foto?

Parece evidente, que además de «mejoras urbanas», como el pavimento, falta aquí una aportación sustantiva de inversión en salud, en educación, en seguridad, en empleo y en saneamiento del medio ambiente, que son competencias que directamente posee el Gobernador de la Provincia.

Al senador Zottos, que hoy se llena la boca hablando de que el cordón cuneta mejora escandalosamente la «calidad de vida de la gente», hay que preguntarle cuál es el grado de desarrollo humano que han alcanzado los vecinos de este barrio de Salta, cuyo cordón cuneta parece haber sido construido hace varios años. ¿Cuál es la calidad de vida de quien -aun con cordón cuneta- está condenado a vivir en un chamizo hecho de cañas, de chapas y de bloques de cemento? Que venga el senador Zottos y lo explique.

Todo indica que en Salta hay recursos económicos suficientes para evitar que al menos tres cuartas partes de las personas que viven en esta impresentable situación de marginalidad, expuestas a la suciedad y a las enfermedades, vivan bastante mejor de lo que lo hacen. Se incluye aquí los recursos que provienen de la ayuda internacional.

Si en todo este tiempo no se ha podido logar hacer desaparecer esta vergüenza de nuestra realidad es porque el Gobernador de la Provincia, embarcado en otros proyectos, se encuentra casi siempre de viaje en Buenos Aires o en el extranjero, gastando los más importantes recursos que tienen los salteños para salir del atraso y la miseria: el tiempo y la energía de su Gobernador.

Pero, enfrentados al desafío, los salteños tropezamos con dos obstáculos casi insalvables:

El primero, que el Gobernador rápidamente saldrá a decir -como ya hizo su Ministro de la Primera Infancia- que esta pobreza del cuarto mundo es una «cuestión cultural».

El segundo, que esos salteños nostálgicos, los que viven «lejos del pago» (en Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, China, Alemania, Holanda, Corea del Sur o Finlandia), dirán que los países en donde viven son muy limpios y ordenados, pero que ellos en realidad extrañan las suciedades, los tierrales, los yuyarales y las oscuridades de su añorada Salta, que son las que le confieren su verdadera «identidad».

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