Juventud
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Una propuesta clara

El autor -candidato a diputado nacional por Salta- efectúa un prolijo repaso de los principales desafíos educativos de la juventud y explora las vías legales para conseguir superar las amenazas de exclusión que se ciernen sobre los jóvenes más vulnerables.
Edmundo Falú, candidato a diputado nacional
Edmundo Falú, candidato a diputado nacional

En educación, la Argentina está hipotecando el futuro.

Hace pocos días participé en un debate sobre juventud y educación con otros candidatos a diputados nacionales y allí expresé que la Argentina estaba hipotecando su futuro por falta de políticas públicas que generen mayor acceso y mayor calidad educativa.


Un medio de Salta calificó está expresión como polémica así que decidí fundamentar mi posición.

En la Argentina el 35,6% de los jóvenes pobres (1 de cada 3 ) no estudian ni trabajan. La falta de oportunidades en el país muestra enormes desigualdades para los chicos y chicas de entre 15 y 29 años, dependiendo del hogar donde nacieron.

Los jóvenes pobres y los de clase media “vulnerable” son los más golpeados por la falta de oportunidades; sin embargo, en la Argentina 1 de cada 10 jóvenes de clase media (10,6%) tampoco estudian ni trabajan. Cabe aclarar que el 55,8% de los jóvenes argentinos son “vulnerables” o pobres (viven en hogares con un ingreso per cápita de hasta 10 dólares diarios). Y el 44% pertenece a la clase media.

Hasta los 15 años, la actividad de los jóvenes suele ser la misma en todas las clases sociales: la gran mayoría está en la escuela y se dedica solo a estudiar, tanto entre los pobres (89,5%) como entre los de clase media (96,5%). Pero luego los pobres caen en la informalidad o inactividad, mientras que los de clase media desarrollan estudios terciarios o se incorporan a trabajos formales.

Así, cinco años después, a los 20 años de edad, solo el 27,4% de los jóvenes pobres siguen estudiando (el 41,4 no estudia ni trabaja), mientras que en la clase media casi la mitad (47,5%) continúa sus estudios y el 13,7 no estudia ni trabaja. A los 25 años, solo 36% de los jóvenes en hogares pobres y el 55% de hogares vulnerables terminaron la escuela secundaria. En la clase media, esa cifra, en cambio, trepa al 80%. Las brechas educativas y socioeconómicas se traducen en accesos desiguales al mundo laboral. Apenas el 5,4% de los jóvenes pobres puede aspirar a conseguir un trabajo formal en la Argentina, contra el 26,2% de los jóvenes de clase media (una cifra que, sin ser demasiado alta, quintuplica a la de los pobres).

En cambio, para los jóvenes pobres, hay casi el triple de posibilidades de conseguir un trabajo informal antes que uno formal. Para los de clase media, la tasa de empleo formal duplica a la informal (12,6%). Existen varias recomendaciones para generar mayores oportunidades para los jóvenes. Entre otras cuestiones, defender políticas públicas que permitan identificar y apoyar a los estudiantes que tienen más dificultades o están en riesgo de abandonar la escuela.

La Provincia de Santa Fe, ejemplo a imitar, avanzó en ese sentido con su plan "Vuelvo a Estudiar", que busca casa por casa a los alumnos que dejaron la escuela. Además, recomienda “reforzar la educación técnica y profesional, invirtiendo en su infraestructura, sus profesores, y en su adaptación a las necesidades, presentes y futuras, del mercado laboral.

Otro punto importante es el cumplimiento de la ley de financiamiento educativo, sancionada en 2005 y que en su artículo 2 impulsa una meta importante y concreta, para ser lograda hacia 2010 y que era “lograr que, como mínimo, el 30% de los alumnos de educación básica tengan acceso a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando los sectores sociales y las zonas geográficas más desfavorecidas”.

Al año siguiente, el 14 de diciembre de 2006 fue sancionada la Ley de Educación Nacional, la cual ratificó expresamente esa meritoria meta en su artículo 26, donde se dispone que: “Las escuelas primarias sean de jornada extendida o completa con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel por la presente ley”.

Veamos ahora la realidad, a fin de evaluar el grado de cumplimiento de estas importantes y meritorias normas legales.

En el año 2015 había 3,5 millones de niños en las escuelas primarias estatales, de los cuales solo 472 mil asistían a escuelas con jornada extendida, es decir e muy lejos de lo establecido legalmente. En las escuelas primarias de gestión privada había 1,3 millones de niños, de los cuales 183 mil asistían a escuelas con jornada extendida. En 2010, la entonces presidenta de Argentina, suscribió las metas educativas fijadas para el año 2021, durante la Cumbre de Jefes de Estado de los Países Iberoamericanos realizada en Mar del Plata. La meta cuantitativa acordada para la jornada escolar extendida fue que en el 2021 entre el 20 y el 50 % de las escuelas públicas primarias debían tener jornada completa”.

Lamentablemente, la realidad presente es otra, ya que el Ministerio de Educación informa en su Anuario Estadístico Educativo de 2015 que en las escuelas primarias estatales apenas el 13,4 por ciento de los niños goza de los beneficios de la jornada extendida. Es decir, estamos muy lejos de acercarnos al cumplimiento de esta importante meta educativa dispuesta por el Congreso Nacional hace ya 12 años.

Como vemos, es preocupante la escasa asistencia de los niños en las instituciones estatales, a escuelas con doble escolaridad o jornada extendida. En el ciclo primario estatal esta ley está lejos de ser cumplida, y aquí radica hoy una diferencia creciente entre los niños de hogares con recursos económicos, que pueden abonar una cuota y así asistir a aquellas escuelas privadas que ofrecen jornada extendida y los niños pobres que no tienen esta opción.

Por otro lado, a fines del 2006 se dictó la Ley 26206, que estableció la extensión de la obligatoriedad escolar en todo el país hasta la finalización del ciclo secundario. Ya pasó una década y los avances en esta escolarización aún son claramente insuficientes, ya que menos de la mitad de los adolescentes están concluyendo el ciclo secundario, con una gran diferencia entre las escuelas estatales y privadas.

Esta situación consolida la desigualdad socioeconómica, ya que niega el principio fundamental de la igualdad de oportunidades, contribuyendo así a que la pobreza se constituya en un problema intergeracional.

Fuente: Centro de estudios de Educación Argentina. Universidad de Belgrano. Cea. Informe Juventud, competencias y emprendimiento, de la OCDE, CEPAL y el Banco de Desarrollo de América Latina.
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