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Urtubey y su forma de agarrar la taza de café y los cubiertos de plata
Urtubey y su forma de agarrar la taza de café y los cubiertos de plata

La esposa del Gobernador de la Provincia, convaleciente de una operación quirúrgica menor, subió a las redes sociales una fotografía en la que se ve a su marido, a los pies de su cama, preparándose para darle de comer, como los buenos pajaritos hacen con sus pichones.

De esta curiosa fotografía destacan con nitidez dos detalles: el primero, que la comida de la Primera Dama le es servida en una estupenda bandeja de plata y que las viandas y utensilios están dispuestos sobre un precioso tapete blanco prolijamente rematado en delicado «broderie». El segundo, que el mandatario utiliza los cubiertos con una maestría de la que muchos carecen y que algunos de su misma condición deberían imitar.

El cuchillo, colocado entre el pulgar y el índice, descansa sobre el dedo medio, lo mismo que el tenedor, asido por el mango, sin que los dedos lleguen en ningún momento a tocar la cabeza, ni siquiera esa parte inofensiva en donde comienzan los extremos puntiagudos.

Ha querido la casualidad que mientras el Gobernador realizaba esta demostración de alta clase ante su nueva esposa, el televisor que se encontraba encendido en la misma habitación de la convaleciente sintonizaba el programa de la televisión local Cara a Cara, en el que el mandatario fue entrevistado durante casi una hora.

Una habitación espartana en la que, como se puede ver, destaca la ausencia total de libros en las bellas estanterías de madera. Ni siquiera las Obras Completas de Sócrates, ese clásico tan caro a los gustos literarios del peronismo.

En este programa -republicano y austero donde los haya- no fue convidado en bandeja de plata con algún manjar de la «nouvelle cuisine» altoperuana, sino con una muy democrática taza de café o té (el tamaño, algo más grande que el de un pocillo, no permite discernir).

Quizá porque no estaba en frente de su refinada esposa y tal vez porque pensó que sus votantes no se sentirían muy identificados con él si ponía en escena sus exquisitos modales (los verdaderos), el Gobernador -mientras escuchaba el discurso de su encanecido interlocutor- sorbía nerviosamente de la taza, aunque sin poner en su manipulación el mismo cuidado que pondría posteriormente en los cubiertos de plata de la otra foto.

Dice Myka Meier, fundadora y directora de Beaumont Etiquette, que la correcta manera de sostener una taza de café sin parecer que uno acaba de bajar del cerro a los ponchazos consiste en pasar el dedo índice por el asa, manteniendo el pulgar en la parte superior de la misma. Los tres dedos restantes (corazón, índice y meñique) deben estar metidos en la palma de la mano.

Ahora que si en vez de café se tratara de una taza de té, que es más grande, la forma de tomarla es -según Meier- totalmente diferente, ya que el mayor peso demanda, correlativamente, un mayor compromiso y protagonismo del dedo índice. Dice Meier que para no ser el «loser» de la tetería (o del programa de televisión) no se debe pasar nunca el dedo índice por el ojo del mango. En su lugar, este dedo debe coincidir firmemente con el pulgar y tocarse con este a través del mango, como si se lo estuviera pellizcando. El dedo corazón, que normalmente está medio al cuete en la taza de café, en la de té debe servir para apoyar el mango, y buena parte del peso de la taza. El secreto consiste, pues, en pellizcar y apoyar.

Modales exquisitos
Modales exquisitos
Ahora que si vemos la foto el Gobernador de Salta tomando su café en la tele, pensaremos inmediatamente que si le hubieran puesto, en lugar de esa loza de atrezzo, una bacinilla de plástico Mascardi rellena de mazamorra se hubiera comportado igual de mal. Para eso -piensan muchos- era preferible que le hubieran servido el café como en Starbucks; es decir, en un vaso de cartón encerado con tapa y agujeritos para chupar.

La producción de Cara a Cara está pensando ya que para la próxima vez no habrá café ni infusiones para los invitados. A todos se les dará a mascar un cacho de caña de azúcar.

Menos mal que al Gobernador no se le dio por levantar el dedo meñique en señal de distinción. Si ya era incinerante todo lo que le estaba diciendo a su entrevistador, sacar a pasear el dedo chico en esas circunstancias hubiera sido ya el quemo total.

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