Derechos Humanos
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Imagen ilustrativa
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Bien sea por exigencias del calendario o por un repentino cambio de mirada ideológica sobre el fenómeno, el gobierno provincial de Salta celebrará hoy el Día del Indio Americano.

Si tomamos como punto de referencia el lenguaje políticamente correcto del Ministerio de Derechos Humanos y Justicia de Salta, en nuestra Provincia, así como se han extinguido los matacos, tampoco existen los indios, ni los indígenas. Estas categorías tan clásicas han dejado paso a los «wichis» y a los «pueblos originarios».

Salvo el caso de un veterano político salteño que arrastra el apodo de «indio» desde mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, nadie en Salta quiere ser o ser llamado de este modo. Tampoco mataco o chaguanco, denominaciones despectivas que no inventaron los malvados colonizadores sino esos perversos colonizados que eran los quechuas.

Desde que la pertenencia (con carnet) a una etnia originaria confiere un especial estatus legal y el acceso (nominal) a una serie de prebendas cuidadosamente distribuidas por el poder, el «padrón» de pueblos originarios de Salta se ha expandido de una manera notable. Así, mientras hace unos treinta años nadie quería ser considerado «indígena», hoy mucha gente hace cola para que le sea reconocido, con papeles, su «paladar negro» originario.

Se trata de una tarea muy difícil. Tanto, que los jueces y tribunales, cada vez que se enfrentan a denuncias por usurpaciones y otras tropelías, se ven obligados a encargarle a un perito antropólogo un dictamen especializado sobre la materia.

Ahora las cosas parecen haber cambiado un poco, no tanto en el aspecto político, sino en el lingüístico. Algunos piensan que la denominación «pueblos originarios» (un invento pseudocientífico patentado en el Canadá) es rebuscada y hace poco justicia a nuestros indígenas.

Por esta razón es que la celebración el día de la fecha, en que se recuerda al indio americano (no al pueblo originario) tiene toda la pinta de ser un paso adelante en la materia.

Un paso modesto, porque a decir verdad, el que nos empeñásemos en enterrar a los indios, a los matacos y a los chaguancos en nada ha contribuido a mejorar la vida de estos sufridos pueblos, cuya protección -dentro de un marco de respeto a la ley que nos hace iguales a todos- es un deber que tenemos que cumplir, con agrado, con sentimiento fraternal y no simplemente con tolerancia.

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