Crítica Social
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

Salta tiene costumbres 'distintas'

Una imagen gigante colocada en el fondo principal del escenario desde el que el Arzobispo de Salta celebró la renovación del Pacto de Fidelidad el pasado viernes muestra las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro, acompañada, en el centro de la escena, por la estatua ecuestre del General Güemes.
La imagen de Güemes, entre el Señor y la Virgen del Milagro
La imagen de Güemes, entre el Señor y la Virgen del Milagro

¿Es Güemes Dios? ¿Tiene la Santísima Trinidad un cuarto integrante que no conocíamos? Eso es lo que creen los pequeños alumnos de las escuelas públicas de Salta, que preguntados por quién fue el general gaucho, acostumbran a responder: «Alguien que dio la vida por nosotros».


Al parecer no solo piensan así los estudiantes de primaria sino también los funcionarios del gobierno de Salta, que es el responsable directo de la educación que reciben nuestros niños en las escuelas públicas.

Pero mucho más preocupante que todo lo anterior es que el Arzobispo de Salta -la iglesia católica, para decirlo claro- está igualmente inclinado a considerar al militar salteño como parte de la esencia divina (trinus et unus). Y ello no parece sino confirmar que la iglesia católica de Salta, o quienes mandan en ella, está totalmente controlada por el gobierno, por no decir que está a su servicio.

Así lo demuestra la gigantografía que presidió en el Monumento a la Batalla de Salta la ceremonia religiosa de renovación del Pacto de Fidelidad entre el pueblo de Salta y sus patronos tutelares, llevada a cabo el pasado viernes 15 de septiembre. Tal vez sea la contraprestación ideológica con la que el señor Arzobispo aspira a retribuir la generosidad del Gobernador de la Provincia, que pasará a la historia por ser el mandatario que más donaciones inmobiliarias ha hecho a la Iglesia.

En la imagen a la que nos referimos se ve muy claramente a la estatua ecuestre del General Güemes ocupando el lugar central del cuadro principal, con las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro a ambos lados. Es decir, que extrapolando el escenario catedralicio, se podría decir que Güemes ocupa el lugar del Santísimo, solo que sin el oropel del retablo.

Una iconografía bastante extraña -por no decir sacrílega-, puesto que según el Credo de los cristianos, quien está a la izquierda del Hijo de Dios en el Reino de los Cielos es nada menos que Dios Padre, y no el General Güemes, que a su diestra pudo haber tenido en sus épocas al Coronel Vidt, pero no al Señor del Milagro.

Nadie ha dado explicaciones por este claro exceso gráfico, que va mucho más allá de una cuestión de «identidad salteña» y se interna, como decimos, en el resbaladizo terreno del sacrilegio.

Lo que a todas luces transmite esta desacertada imagen es que Güemes -un mortal, como todos los que habitamos el valle- participa de la naturaleza divina y que su memoria debe ser honrada con la misma pureza de espíritu con que los cristianos se acercan humillados al Señor y a la Virgen del Milagro para rendirles merecido culto.

Probablemente, si las políticas «costumbristas» del gobernador Urtubey se profundizan, pronto se podrá ver en las pantallas de la Procesión a las Sagradas Imágenes, acompañadas de Güemes, de Ragone, del Cuchi Leguizamón y de César Perdiguero. Y más adelante, al mismo Urtubey, por supuesto.

Todo parece cuestión de esperar un poco. Con tal, el Arzobispo aplaude todo lo que le pongan a sus espaldas.

eXTReMe Tracker