Crítica Social
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

¿Visitas indeseables?

El turismo religioso en Salta tiene mil caras. Entre la multitud de peregrinos que nos visitan, la Policía calcula que vendrán unos cinco mil delincuentes con pedido de captura. La generosidad propia del tiempo del Milagro aconseja recibirlos con el corazón abierto, también a ellos, que son criaturitas de Dios, como cualquiera.
¿Seguridad eclesiástica?
¿Seguridad eclesiástica?

Por los kioscos no oficiales que rodean el templo circula una versión apócrifa de la Novena, en cuyo acto de contrición (el rezo de apertura) se puede leer lo siguiente: «Dulce Jesús mío y mi crucificado Señor. Desbordante de orgullo me pongo delante de vuestros ojos sin arrodillarme para nada, confesando la multitud de mis delitos, con íntimo regocijo de mi alma, aunque eso te ofenda a Vos».


Las truchiimprentas han dispuesto para la venta unos cinco mil ejemplares de esta particular versión del librito escrito a mediados del siglo XVIII por el sacerdote don Francisco Javier Fernández Pedroso y Aguirre, quien en aquellos años no imaginó que, además de fieles contritos y devotos, su novena iba a ser coreada por unos 5.000 delincuentes, con pedido de captura incluido.

Esta es la cifra que baraja oficialmente la Policía de Salta en materia de peregrinos/chorros. Es decir, un 10% de la «fuerza peregrina», que se instalará en la ciudad en los próximos días y que la convertirá en un hervidero de gente y de perros, está integrado por delincuentes con un nutrido prontuario.

Lo más llamativo del asunto no es eso, pues sabido es que el Señor del Milagro, en su infinita misericordia, no rechaza a nadie, por más que la Policía lo busque. Lo es sin embargo que entre los «peregrinorros» haya unos 500 salteños a los que la Poli quiere echar el guante y que vendrán a hacer de las suyas entre los naranjos de la Plaza 9 de Julio.

Resulta inexplicable que sean tantos y que la Policía que los busca aún no haya podido atraparlos, teniendo en cuenta que no se encuentran exiliados en Catamarca o en Formosa, sino disimulados entre tuscas y churquis en algunos parajes remotos de nuestra propia Provincia.

Es decir, que si para cuando finalice la fiesta, la Policía de Salta no hace reventar los calabozos de la Alcaidía, la «campaña» del Milagro habrá resultado un fracaso.

Es probable que los agentes esperen a que los delincuentes se congreguen masivamente en el descampado que rodea al Monumento 20 y que renueven -a instancias del Arzobispo- su particular «pacto de infidelidad» para que, como sucede en las películas, se lancen a su captura. Pero cuando el pacto se haya renovado, ya no habrá nada que hacer. Salvo que los persigan con drones, unos 5.000 peregrinorros volverán por donde vinieron.

Solo una parte (bastante significativa) de ellos, se quedará en estas tierras para seguir haciendo de las suyas, pero a partir del sábado 16, lo harán con la conciencia más tranquila después de haber cumplido con nuestro secular Protector.

Nadie podrá negarles un lugar en la magna fiesta. Ellos lo tienen muy claro: «Si Urtubey preside la Procesión y el Arzobispo imparte las bendiciones, ¿quién dice que nosotros también no podamos estar acá?»

Una idea peligrosa

En el Ministerio de Seguridad no ha caído muy bien la idea de utilizar los «nodos del peregrino» para que, a la par de identificar a los perros, se les coloque una cinta a los delincuentes, para que puedan ser mejor distinguidos en las peatonales y, sobre todo, para que no se pierdan y puedan regresar a sus madrigueras después de refregarse en las enormes concentraciones humanas.

Algunos dijeron que entre ponerles a los peregrinos unas cintas de colores en el cuello y pintarles una estrella de David de color amarillo (como solía hacer Hitler) apenas si hay diferencias.

El espíritu del Milagro llama a los salteños a la generosidad y también al olvido. De modo que si uno se considera un verdadero cristiano, lo que debe hacer no es negarle una banana al peregrino que la solicita (como sucedió los otros días), sino invitar a uno o a varios a su mesa. Y si junto con el carnet de peregrino, los visitantes presentan un certificado de antecedentes penales de varias hojas y rebosante de delitos menores, mejor aún.

Los que sirvan manjares a los peregrinos-delincuentes tendrán asegurado un lugar en el cielo, un poco más a la diestra de Dios Padre todopoderoso.

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