Crítica Social
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A la universidad pública de Salta no le llega el agua al tanque

La crisis del sistema de enseñanza universitaria en Salta alcanza su punto más alto con la designación, como profesor invitado de Derecho Constitucional, del Gobernador de la Provincia de Salta, un hombre sin experiencia docente que, además, ha destruido los mecanismos constitucionales y ha hecho de la política del Estado un reality show; el mismo que se propone contar a sus alumnos, porque -según él- los libros y la ciencia constitucional solo dicen mentiras.
Juan Manuel Urtubey, Gobernador de Salta
Juan Manuel Urtubey, Gobernador de Salta

La noticia del «fichaje» del gobernador Juan Manuel Urtubey por la universidad pública para desempeñarse como profesor invitado de Derecho Constitucional confirma el pésimo momento que atraviesa, desde hace bastante tiempo ya, el más alto nivel educativo de la Provincia de Salta.


No es que Urtubey vaya a ser mal profesor. Aunque su experiencia docente es nula, nadie sabe si lo hará bien o mal. El caso es que su arranque como docente invitado ha sido lamentable.

En efecto, el Gobernador ha dicho a sus futuros alumnos algo así como que «los libros dicen cosas muy bonitas pero que la realidad es muy diferente», y que él se propone contar las cosas de la Constitución «desde la realidad».

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que Urtubey -a diferencia de su padre- desprecia los libros y no encuentra en ellos nada que le conecte a la realidad. Por ejemplo, en los libros de Loewenstein, Dworkin, Fried o Rawls no aparece mencionada Isabel Macedo, que -miren por dónde- forma parte de la realidad más real que se conozca.

Urtubey impartirá, pues, a sus alumnos un Derecho Constitucional «rosa», una ciencia «del corazón», en la que explicará cómo apartándose de los libros (empezando por el texto de la propia Constitución) se puede llegar a resultados desastrosos como los que colecciona desde hace diez años su gobierno. Hará buena la célebre frase de Groucho Marx que dice «partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria».

Se sabe desde hace tiempo que Salta no produce mentes brillantes sino fornidos jugadores de rugby o de hockey que se exportan a Inglaterra; y que por ello, entre otras cosas, está condenada a la mediocridad y al atraso. Pero esta designación señala el punto más alto de la destrucción idelógica del sistema de educación superior, que ya venía barranca abajo, desde que los sabios jesuitas de Wisconsin cedieron el testigo a las empeñosas verduleras de Campo Santo.

Cualquier universidad del mundo tiene cientos de profesores capaces y bien formados. Pero ninguna de ellas podría funcionar si no hubiera entre ellos y en el equipo directivo tres o cuatro mentes brillantes, del más alto nivel mundial.

En Salta, si la solución es llamar al Gobernador de la Provincia para que saque las castañas del fuego, es porque realmente nos enfrentamos a un desierto intelectual de los más extensos y áridos que se conozcan en el ancho mundo de la enseñanza universitaria.

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