Crítica Social
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

Hay efusividades que matan

El cuarteto, que bien podría integrar el mediocampo de la nueva Selección de Sampaoli, mantiene lazos litúrgicos y civiles un poco particulares. Veamos si no su increíble historia.
Abrazos por doquier en las más altas esferas del poder temporal y religioso de Salta
Abrazos por doquier en las más altas esferas del poder temporal y religioso de Salta

Los doce años de Juan Manuel Urtubey al frente del gobierno de Salta dejarán una retahíla de niños desnutridos, molidos a palos por sus padres sustitutos y abusados en su intimidad por los diarios; pero todos ellos pasarán a ser detalles menores cuando el soberano comprenda y valore la formidable contribución a la cultura popular que ha realizado el Gobernador de la Provincia en materia de abrazos y apretones.


Hace poco, en plena Catedral Basílica, el mandatario se fundía en un fraternal abrazo con el Arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, ante la mirada más que circunspecta de su esposa (por lo civil), Isabel Macedo.

Durante el breve pero no por ello menos efusivo apretón, el Gobernador pudo catar con sus dedos mágicos la delicada suavidad del raso púrpura (ese con el que en sus noches más febriles sueña con envolverse), hasta el punto que en la intimidad del hogar le ha pedido a su esposa -que adora la costura, como Cocó Chanel- que le corte un par de capas para andar por casa, cuando nadie lo ve.

No menos sincera y cariñosa se ha mostrado la propia esposa del mandatario con quien se podría decir que es prácticamente un «cuñado en las sombras»: el futbolista Fernando Gago, centrocampista de Boca Juniors, que antes lo fue del Real Madrid y de la Roma, entre otros grandes equipos. El astro está casado con la extenista Gisela Dulko, intimísima amiga de Macedo.

El fisioterapeuta del equipo boquense ha confirmado que Gago -que es un poco deliquete, como todo el mundo sabe- presenta unas escoriaciones de grado dos en la parte trasera de la axila derecha. Las pruebas de ADN practicadas dan a entender que un trozo importante de la epidermis de Gago ha quedado debajo de las uñas de la primera dama salteña; ello, a falta de confirmación por parte del CIF, que bajo la dirección de la Sala III del Tribunal de Impugnación, trabaja contra reloj en el análisis de los restos de camiseta facilitados por el Grand Bourg.

El mismo facultativo del equipo de la ribera ha desmentido que Gago deba usar un collarín, ya que en un primer momento se especulaba que con la «cogoteada» que le dio Macedo se le habían descolocado el atlas y el axis (las dos primeras vértebras cerviales). Por suerte, el futbolista solo tendrá que aplicarse un ungüento en la axila y frotarse la mejilla con un poco de agua bendita para que se le vayan la irritación y los restos de lápiz labial.

A estos efectos, el presidente de Boca ya ha cursado la correspondiente petición al obispo Cargnello, pero este, antes de entregarle la correspondiente botellita con el sello de calidad de su Diócesis, quiere asegurarse -como buen hincha de River que es- que a Boca no se le ocurra utilizar como segunda camiseta el color carmesí de su vestimenta ni pedir prestado su exclusiva casulla de cashmere.

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