Crítica Social
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Abanderados y motochorros
Motochorros podemos ser todos, cualquiera sea la apariencia que tengamos y con independencia del nivel educativo alcanzado. Así lo dice el Poder Judicial de Salta y no hay motivos serios para dudar de sus conclusiones científicas.
Imagen ilustrativas
Imagen ilustrativas
La Policía provincial balea a un joven al que confundió con un motochorro, pero que resulta que es abanderado de una escuela primaria del barrio Palermo de la capital de Salta.

Esta situación aparentemente paradojal ha sido puesta de relieve por la prensa salteña, a la que le parece «inverosímil» y hasta «bárbaro» que la Policía no sepa distinguir a todo un señor abanderado de un motochorro.

Pero veamos; ser motochorro no prejuzga sobre el nivel educativo alcanzado por el delincuente. Si no, que se lo pregunten a la jueza de Salta, señora María Gabriela González, que como no pudo obligarle a un encausado a que termine sus estudios (porque ya los había acabado) le fijó como regla que conducta que se matricule en la universidad.

Conclusión provisional: si hay motochorros con estudios obligatorios completos y con aparente buena presencia, es que las aparencias engañan, y mucho, en Salta.

Pero podemos seguir haciéndonos preguntas: ¿Les está vedado a los motochorros portar la enseña patria?

La respuesta tiene que ser negativa, teniendo en cuenta de que el país obliga a jurar la bandera hasta al más infame de sus ciudadanos. Jurarla y prohibirle llevarla en las ceremonias es un contrasentido.

Otra pregunta casi obligada es: ¿cómo hace la Policía para saber si el sujeto al que le va a disparar tiene promedio 9,98 o si es un porro redomado?

Es de suponer que ante una situación de auténtico peligro eso de andar pidiendo el certificado analítico antes de oprimir el gatillo es como burocratizar mucho la cosa. Mejor sería prohibirle a los policías tirar en cualquier otra circunstancia que no fuese evitar que lo maten a él o a otra persona. Eso de tirar «según la cara del cliente» es un poco loco.

Yendo hacia un terreno un poco más antropológico, ¿qué diferencias -por ejemplo en diámetro craneal- debería haber entre un abanderado y un motochorro?

¿Acaso no se supone que si los motochorros no tuvieran la habilidad de disimularse entre la multitud no tendrían ningún éxito en su actividad? Dicho en otros términos, que si los motochorros tuvieran rasgos extraterrestres (o únicos), la gente huiría de ellos como de la peste. ¡Justamente chorean porque se parecen a todos nosotros!

Pero que si nos fiamos de El Tribuno y del olfato de la Policía de Salta, de ahora en más en los semáforos deberemos cuidarnos no solo de las parejas que van montadas sobre una moto, sino también del abanderado y de su escolta que avanzan por el carril izquierdo.

Y una conclusión final: Es horrible que alguien equivocado reciba balazos de nadie; eso es lo primero. Lo segundo es recordar que algunos de los mayores chorros de este país tienen MBA's en Harvard, así que lo mejor es no dejarse llevar por las apariencias.

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