Crítica Social
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Un caso de fraude de ley
Curioso caso jurídico emerge en un examen del Consejo de la Magistratura de Salta y que pone en duda la inveterada virilidad del gaucho salteño.
Imagen ilustrativa
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La Defensora General de Salta y miembro titular del Consejo de la Magistratura de esta Provincia, señora María Inés Diez, planteó a una de las aspirantes a convertirse en jueza de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial el siguiente caso:

«Usted llega a ser camarista y le plantean un amparo basado en la ley de identidad de género. Se presenta un hombre, una persona nacida sexo masculino, diciendo que quiere, que se presentó al Registro Civil a hacer el trámite administrativo para transformarse en sexo femenino. Su nombre es Daniel y quiere agregar una 'e' que se llama Daniele. Al Registro Civil en ese momento le llama... (relato los hechos que se plantean en el amparo; son los que yo le estoy planteando a usted). El Registro Civil en su momento labró un acta: se presenta una persona vestida de gaucho, traje de gaucho, barba, facón en la espalda... Entonces les llama un poco la atención y preguntan por qué. Y la persona muy suelta de cuerpo dice: Me quiero jubilar y he cumplido los sesenta años. Si yo sigo como hombre yo tengo que esperar cinco años más. En cambio si me transformo en mujer me puedo jubilar en este momento. Es un hecho real, absolutamente concreto. En la Defensoría pasa cualquier cosa. Entonces, el Registro Civil se opone argumentando que hay un fraude a la ley. Y le llega a usted un amparo para resolver de esta naturaleza. ¿Cómo cree que lo resolvería?»

Dejando a un lado lo más obvio (la picardía de pretender aprovechar una regulación legal para obtener una ventaja jubilatoria), lo que llama la atención de este caso es que al Registro Civil (o a la señora Diez) les haya llamado la atención (valga la redundancia) que el futuro transexual administrativo sea un gaucho.

Es más que probable que siendo la misma señora Diez una gaucha con pedigrí y defensora judicial no solo de pobres y ausentes sino también defensora de nuestras más rancias tradiciones gauchescas, el «caso» del gaucho transexual le haya sonado a cuerno quemado. Pues si hay en Salta una verdad incuestionable, esta es la de la inveterada virilidad del gaucho.

Aunque no está claro que fuera aplicable en este caso, ya que eso de llevar el facón en la espalda (¡Mmmmmm!) es ya, de por sí, un signo de ambigüedad. No en vano, se dice de quien se encuentra en la frontera entre dos mundos que «lleva los cubiertos en el bolsillo de atrás», por si acaso.

¡Cómo es posible que un gaucho hecho y derecho, barbudo como Güemes, pretenda «transformarse» en mujer, como dice la doctora Diez!

En Salta esto es imposible, como dejar de ser opa. El que nace gaucho y ejerce como tal no conoce de remilgos, de dobleces, de agachadas y otra vía que no sea «la huella recta».

De allí que si la ley nacional que consagra el derecho a la identidad de género hubiera establecido al mismo tiempo la posibilidad de que los gauchos en edad de jubilación, si se convierten a tiempo en gauchas, puedan vivir cinco años gratis, a costillas del Estado, la doctora Diez y sus infernales de salteña estirpe ya hubieran declarado inconstitucional la norma nacional y ordenado que ningún tribunal la aplique en territorio provincial, previo dictamen del Fortín Tuscal de Velarde.

Al pícaro gaucho no le alcanzó para destruir la presunción de fraude esgrimida por el Registro Civil con decirle a la encargada: «Yo llevo bombacha, ¿no ve?». Lo que decidió la suerte de su tramposa transexualidad, así como la del posterior amparo, no fue el fraude de ley (que podría haber pasado, como pasan muchas cosas frente a los que hacen la vista gorda) sino la imperdonable traición al código no escrito del gauchaje, que indica que con traje de gaucho, poncho, barba y facón a la espalda, solo se puede jugar en un solo equipo.

Y la doctora Diez, que antes que defender los sacrosantos portales de la Ley, siempre defiende y defenderá con prioridad el arco del equipo gaucho, solo le faltó añadir que en nuestro territorio los gauchos llevarán siempre el pendón de Güemes y nunca la bandera arco iris, por muchas similitudes cromáticas que tenga con la wiphala aymara.

A la siempre ocurrente Defensora General se le escapó, no obstante, un pequeño detalle: Al decir eso tan pintoresco y coloquial de «en la Defensoría pasa cualquier cosa», debió haber agregado: «Y aquí en el Consejo de la Magistratura, ni le cuento, m'hija».


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