Comunicación
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Tom Cooney entra a El Tribuno
Tom Cooney entra a El Tribuno

La imagen del encargado de negocios de la Embajada de los Estados Unidos en la Argentina trasponiendo los sacrosantos portales de El Tribuno tiene una dimensión histórica similar a aquella en la que se ve al papa Juan Pablo II visitando en la cárcel al turco Mehmet Alí Ağca, el autor confeso de los disparos que intentaron acabar con la vida del Pontífice, el 13 de mayo de 1981.

La diferencia estriba en que mientras el santo polaco y su agresor se dieron la mano solo dos años después del atentado, en la cárcel de Rebbibia en 1983, el reencuentro entre el gigante de Limache y la administración norteamericana se produce unas cuatro décadas después de un notable distanciamiento entre ambos, debido a unos documentos secretos, ahora desclasificados, que no dejaban en muy buen lugar ni al diario ni a su entonces propietario.

Pasado el tiempo, y no antes de que, en 1987, el propietario del diario y el Pontífice ya recuperado de sus heridas se fundieran en un cariñoso abrazo en las verdosas praderas cercanas al hipódromo salteño, se produjo, por fin, la tácita pero esperada reconociliación entre el holding mediático y el gobierno de la nación más poderosa de la Tierra.

Ali Agca y Karol Wojtyla
Ali Agca y Karol Wojtyla

Es de lamentar que el señor Tom Cooney no sea un embajador plenipotenciario, sino -por el momento- un mero encargado de negocios. Pero es que por encima de él, hoy no hay nadie con mayor autoridad en la legación diplomática americana, ya que el presidente Donald Trump aún no ha decidido quién será su embajador en estas polvorientas tierras.

Pero cualquiera sea el rango del visitante y el carácter de la visita, es indudable que la presencia de Cooney en El Tribuno dice hoy mucho más que lo que insinúa esa imagen plana de un señor encorbatado encarando la traicionera puerta giratoria que franquea el paso al siempre deslumbrante complejo editorial, puerta a la que, por cierto, parece que no se le ha cambiado el cepillo desde aquella artera balacera de Ağca, más o menos.

La imagen es un signo de los tiempos; no solo del final de la Guerra Fría, sino también del cambio climático, puesto que aunque Estados Unidos es un país que aparece en los papeles como un pérfido defensor de las emisiones de CO2 a la atmósfera, en realidad sus autoridades -incluidos los diplomáticos- se preocupan de los fenómenos naturales que ocurren en otras latitudes, como por ejemplo la «lluvia blanca», todo un clásico de la climatología tropical.

En suma, que Cooney en 2017 consiguió lo que no pudo el santo Wojtyla en 1987: impartir una bendición sólida y duradera a los cambiantes fenómenos climáticos de Salta.

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