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La obediencia de vida desembarca en el horizonte jurídico de Salta
La obediencia de vida desembarca en el horizonte jurídico de Salta

Si bien la creatividad jurídica de los argentinos y la capacidad de innovación de sus jueces es reconocida en todo el mundo, la influencia de la doctrina nacional sobre los fundamentos más sólidos del Derecho Penal es bastante reducida.

A pesar de estas limitaciones, que algunos explican por la expansión mundial de la conciencia en torno a los Derechos Humanos y al imperio de la Ley, en la Argentina -y más concretamente en Salta- no dejan de aparecer instituciones jurídicas novedosas y, hasta cierto punto, revolucionarias.

El mismo día en que se celebra el Día de la Justicia Penal Internacional, en conmemoración del 17 de julio de 1998, fecha en que 160 países acordaron en Roma erigir una corte penal internacional de carácter permanente para juzgar a los individuos responsables de los más graves delitos que afectan al mundo entero, como genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, a través de un diario de Salta nos enteramos que la República Argentina sancionó hace años una ley de exención de la responsabilidad penal denominada «Ley de Obediencia de Vida» (sic). Un inmejorable y oportuno homenaje a aquellos valientes inventores de la jurisdicción penal internacional.

Es seguramente esta ley, con algunas adaptaciones semánticas, la que invocó un conocido ingeniero tucumano para justificar el hallazgo en su poder de bolsos con varias decenas de millones de dólares de procedencia incierta. Bien es cierto que no se invocó expresamente la «Obediencia de Vida», pero sí la «Obediencia De Vido», que es muy parecida.

En consecuencia, ha pasado a la historia la que durante muchos años conocimos como Ley de Obediencia Debida, que eliminó la responsabilidad penal de aquellos que cometieron delitos en cumplimiento de una orden impartida por un superior jerárquico.

Ahora lo que se impone es la Obediencia de Vida, que significa que se colocan fuera del alcance punitivo del Estado aquellos delincuentes que alegan que cometieron los hechos ilícitos por obedecer «a la vida»; es decir, a la misma veleidosa señora que según una agradecida Violeta Parra, «nos ha dado tanto».

Entre la Obediencia de Vida, las cara o seca, los concubinos que degollan a sus concubinas, y un sinfín de deslices que ponen de manifiesto una formación deficiente o unas lecturas equivocadas, va siendo hora de pensar en que los festejos patrios de esta inacabable década lleven el nombre de don Vicente Nario.

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