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Corte de Justicia y voto electrónico

El Gobernador de Salta posee un talento innegable: sabe cómo convertir sus debilidades en fortalezas, sus amenazas en oportunidades, las mentiras en verdades y las derrotas en triunfos. Pero como alguna vez dijo Abraham Lincoln, no se puede engañar a todos durante todo el tiempo.
Urtubey promociona el voto electrónico
Urtubey promociona el voto electrónico

Después del traspié en las urnas del 22 de octubre, el Gobernador de Salta tuvo el acierto -y también la valentía- de erguir la cabeza entre las ruinas humeantes de su poder. Primero sorprendió a la parroquia con una remodelación profunda de su gabinete y más tarde sacó partido de su segunda alineación con el gobierno de Macri, tras suscribir el acuerdo fiscal propuesto por el Presidente para transformar de raíz la economía nacional.


Las cosas venían más o menos bien para Urtubey -que incluso aprovechó el anuncio de embarazo de su actual esposa para rascar algunos seguidores light en las redes sociales- hasta que dos acontecimientos -no relacionados el uno con el otro- le cortaron la buena racha de una forma más bien inesperada.

Primero fue la decisión que adoptó la Corte Suprema de Justicia de la Nación el pasado martes 14, contraria a la pretensión ejercida por la Federación Argentina de la Magistratura, que aspiraba a que una declaración judicial de certeza dijera que es inconstitucional el artículo de la Constitución de Salta que establece que los jueces de la Corte de Justicia provincial desempeñan sus cargos de forma temporal y no indefinida.

Sobre este punto, el máximo tribunal de justicia nacional ha dicho con bastante claridad que los poderes federales no intervienen en cuestiones relativas a la integración de los poderes locales y que, por tanto, la pretendida inconstitucionalidad de la temporalidad de los jueces de la Corte de Salta no es materia federal, en tanto pertenece al ámbito exclusivo del derecho público provincial.

Estaba más que claro que, de haber prosperado esta pretensión, la Corte federal servía en bandeja al gobierno de Urtubey una reforma constitucional más o menos inminente, que podría no solo terminar con el blindaje de los actuales jueces de la Corte (todos ellos designados por Urtubey), sino también con el ajuste de otras tuercas. Quién sabe si no también con la derogación del límite de tres mandatos consecutivos para el Gobernador de la Provincia, o con cosas aún peores.

La decisión negativa de la Corte deja prácticamente sin contenido la facultad que la nueva ley de ministerios atribuye al Ministro de Gobierno, Derechos Humanos y Justicia en orden a una posible reforma de la Constitución. El señor Marcelo López Arias deberá dedicarse, pues, a inflar globos, organizar concursos de batucadas y a camelar intendentes, como lo hacía su antecesor en el cargo, Juan Pablo Rodríguez, y a repartir pañales y leche en polvo, esa gran misión espiritual que le fuera confiada por el Gobernador a la ya casi exministra Pamela Calletti.

El voto electrónico

El segundo rapapolvo cosechado por Urtubey en la misma semana es el lapidario informe del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, denominado Análisis de factibilidad en la implementación de tecnología en diferentes aspectos y etapas del proceso electoral.

Se trata del primer documento oficial de cierto peso (hay, por supuesto, otros privados e internacionales en igual sentido) que saca los colores a la cándida postura de los auditores de la UNSa, contratados por el gobierno provincial de Salta para cantar -cheque mediante- loas al voto electrónico que se implantó en esta Provincia sin que nadie lo reclamara y por la sola voluntad del Gobernador, cohonestada por su rodillo parlamentario.

No llama tanto la atención que las conclusiones del CONICET sean negativas en relación con el voto electrónico, sino que el informe le fuera requerido por el propio gobierno nacional -en concreto, por el Ministerio del Interior- que, como se sabe, pretendía extrapolar a todo el país la triste experiencia salteña con este sistema de sufragio.

Pues bien, los expertos del CONICET, que no son los auditores folklóricos de la UNSa, le han gritado a la cara a Urtubey, a la secretaria Ovejero y a algunos otros fanáticos de la herramienta, que la Argentina (y no digamos ya Salta) carecen del nivel de madurez y de la capacidad suficiente para utilizar el voto electrónico, teniendo en cuenta especialmente dos factores: su complejidad y la necesaria confianza de los electores en el sistema.

En pocas palabras, el CONICET ha recomendado «no avanzar en el corto ni mediano plazo con la implementación de un sistema electrónico para la etapa de emisión de voto». Y no solo eso: también ha dicho que antes de dejar volar la imaginación -y dejar fluir los millones- se debería «fomentar el desarrollo de RRHH y capacidades técnicas, e iniciar un plan de investigación que pueda aportar evidencia teórica y empírica de que los riesgos de este sistema puedan ser controlados».

Conclusiones

Así como no está nada claro que la decisión de la Corte Suprema sobre la temporalidad de los jueces superiores de Salta sea suficiente para clausurar cualquier intento de reforma constitucional, tampoco es seguro que el informe del CONICET vaya a traer consecuencias sobre el tercermundista voto electrónico que Urtubey puso en Salta para darse un gusto, o con intenciones un poco menos nobles que esta.

Estas dos derrotas tampoco van a poner fin ni a las ensoñaciones del poder ni a los delirios mayestáticos que todos bien conocemos; pero sirven al menos para que una parte importante de los salteños se dé cuenta de que la esperanza que pretendía hacerse realidad en un prolongado gerundio se ha quedado -y hace tiempo ya de esto- en el pretérito simple.

El Gobernador de Salta, con su infinito talento -y su probada valentía- encontrará seguramente la fórmula para convencer a sus incondicionales de que, otra vez, lejos de perder, ha ganado.

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