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La buena educación se aprende en casa

El lenguaje corporal de una persona que se sienta a una mesa tiene mil significados posibles, aunque lo que destaca de la escena que documenta la fotografía adjunta es que el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, es el único de sus colegas que ha adoptado una pose diferente.
Urtubey, sentado a la mesa con el Presidente de la Nación y los gobernadores de provincia
Urtubey, sentado a la mesa con el Presidente de la Nación y los gobernadores de provincia

La costumbre de clavar los codos sobre la mesa es considerada, desde tiempos bastante antiguos, un comportamiento socialmente inaceptable; especialmente, cuando la mesa se utiliza para comer en compañía de otros.


A la altura de esta mala costumbre solo se encuentran la de masticar los alimentos con la boca abierta, y su pariente, la de hablar mientras se está comiendo.

Se dice que el origen de la prohibición social de los codos sobre la mesa data de los tiempos en que los seres humanos comíamos encaramados a un árbol, en donde las mesas no eran demasiado sólidas. Cuando bajamos a la superficie la costumbre se conservó, porque aunque las mesas ya empezaron a ser más firmes, su mayor dimensión permitía desplegar en ellas objetos y utensilios, que corrían peligro de ser tumbados o desplazados por la presencia de los codos sobre la mesa.

Como lo demuestra la fotografía adjunta -publicada por el diario El Tribuno de Salta- en las mesas de reuniones -en las que frecuentemente también se toman comidas informales- las reglas de etiqueta mandan a que las personas se sienten a su alrededor con las muñecas apoyadas sobre el borde de la mesa y ambas manos juntas. Aunque no es lo deseable, al sentarse a la mesa, algunos adoptan la postura de la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, consistente en cruzar discretamente los brazos y apoyarlos junto al borde de la mesa.

Pero lo que definitivamente está mal visto es que alguien, ya sea porque desconoce las reglas fundamentales de la etiqueta pública, o sea porque quiere mostrar su Rolex, sus gemelos de oro o sus muñecas peludas, clave los codos sobre la mesa y con las dos manos se sujete la barbilla. Solo del gesto de elevar el mentón (aunque sea haciéndolo descansar sobre las manos) revela una fuerte inclinación por el integrismo clerical. Si todavía fuésemos simios y comiéramos sentados sobre las ramas de un árbol, esos codos, esas manos y esa barbilla desafiante desbaratarían la mesa en cuestión de segundos.

El lenguaje corporal de una persona que se sienta a una mesa tiene mil significados posibles, que casi no interesa detallar aquí. Lo que destaca de la escena que documenta la fotografía adjunta es que el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, es el único de sus colegas que ha adoptado una pose diferente.

Lo cual da a pensar que es el único de los que ha suscrito el pacto fiscal con el gobierno nacional con la intención de no cumplirlo o de cumplirlo a su manera. Está bastante claro que el acuerdo fiscal no se ha firmado arriba de un árbol, pero esos codos tan filosos demuestran que el desbarajuste no tardará en llegar.

Ya no se trata de la buena o de la mala educación que alguien ha recibido en su casa, sino de los gestos que revelan que alguien pretende sobresalir por algún detalle de su conducta que va un poco más allá de las simples formas. Ese alguien se siente diferente al resto y ejerce como tal; no solo sentándose de una forma en la que los demás no lo harían, sino haciendo lo que el resto probablemente tampoco haría: incumplir un acuerdo.

El lenguaje del cuerpo a veces denuncia quiénes somos, y cuando lo hace vale más que mil tuits juntos.

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