Líderes
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

El futuro en entredicho

Con la derrota electoral de ayer no solo se acaba un sueño presidencial sino una aspiración de bloque que era tanto o más impresentable que el primero y que consistía en asegurar puestos clave en las instituciones de Salta para la familia del Gobernador (sus hermanos o sus hijos).
Juan Manuel Urtubey, Gobernador de Salta
Juan Manuel Urtubey, Gobernador de Salta

La apuesta de Urtubey, basada en el engañoso resultado de las elecciones primarias de agosto, de mantener una ideal equidistancia entre el gobierno de Macri y el peronismo que aspira a liderar, ha sufrido ayer un humillante baño de realidad.


El mismo Gobernador que hace un año y gracias a su matrimonio con una conocida actriz de la escena nacional creyó haber tomado por asalto los cielos, anoche le ha visto -por fin, dicen algunos- los flecos al poncho del diablo.

Con todo el aparato oficial volcado a su favor -incluidas las aeronaves del Estado, que el mismo día de las elecciones el Gobernador utilizó sin recato para hacer proselitismo en abierto desafío a la ley y al fair play democrático- Urtubey no fue capaz de detener la fuerza del macrismo, encarnado en Salta por un Gustavo Sáenz cuya breve pero enérgica figura se erigió ayer en uno de los símbolos del deterioro del poder absoluto.

Al final, al Gobernador no le dio ningún resultado ni el abuso de las obras y las inauguraciones públicas, las entregas de terrenos, las donaciones a la Iglesia y el reparto de prebendas; pero mucho menos resultado le han dado los millones de dinero público que sus estrategas de campaña (no de esta campaña sino de la presidencial que anoche quedó abortada) se gastaron en grandes medios de comunicación no controlados directamente por el gobierno provincial.

Tampoco, dicho sea de paso, le ha servido su nueva esposa como talismán, como él esperaba. Ni la boda, ni los arrumacos públicos, ni el glamour que derrocha la pareja en cada aparición oficial han sido suficientes para revertir un resultado que, aunque muchos entiendan como un respaldo a Macri, es en realidad un castigo para un Gobierno que erró desde el momento en que puso la figura de Urtubey por encima de los fines y objetivos del Estado.

Independientemente de los números, la derrota de Urtubey pone en serio entredicho su vitalidad política y, por qué no decirlo, su eterna juventud. El Gobernador de Salta es, desde hace algún tiempo, un líder a la baja, un politico fatigado, pero al que la alquimia de los laboratorios de imagen y los manipuladores de la opinión pública le habían conseguido una vida extra.

Pero una vida rotundamente falsa, asentada sobre bases ficticias, como ha quedado demostrado ayer, especialmente en el resultado de las elecciones nacionales, las únicas que no merecen reparos en cuanto a su organización y recuento.

Es muy probable que los experimentos continúen y el Gobernador de Salta quiera aprovechar ese tirón popular residual -y sobre todo el aparato estatal que controla con mano de hierro- para intentar operaciones alocadas, como por ejemplo una reforma de la Constitución provincial.

Con la derrota electoral de ayer no solo se acaba un sueño presidencial sino una aspiración de bloque que era tanto o más impresentable que el primero y que consistía en asegurar puestos clave en las instituciones de Salta para la familia del Gobernador (sus hermanos o sus hijos).

No se puede juzgar el talante democrático de Urtubey por su discurso de una noche. Hay que estar atentos a lo que el Gobernador hará en los próximos meses, pues de lo que haga y de cómo lo haga dependerá la calificación que los salteños y la historia otorguen a su largo periodo de gobierno.

La situación actual y el carácter ciclotímico del Gobernador no invitan al optimismo, precisamente. Es altamente probable que en los dos años que quedan para que Urtubey abandone la oficina su gobierno muestre lo peor de sí mismo, lo cual es mucho decir. Solo si la edad y la paternidad retardada obran el prodigio de reemplazar la sensatez por la soberbia y el respeto al diferente por el narcisimo, Urtubey podrá cerrar este negro periodo que comenzó en 1995 con cierta dignidad.

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