Líderes
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Un Gobernador que habla como cochero

El discurso del Gobernador de Salta abunda en palabras bajas y groseras. No obedece a la falta de educación sino a un descarado cálculo proselitista que, sin embargo, contribuye a dejar retratado al personaje.
Juan Manuel Urtubey, Gobernador de Salta
Juan Manuel Urtubey, Gobernador de Salta

El Gobernador de la Provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, ha vuelto a realizar una sustantiva aportación a la degradación del lenguaje político, en su provincia y en el país.


Lo ha hecho durante una entrevista que insólitamente concedió al grupo editorial del diario El Tribuno, contra el que el mismo Gobernador disparó sin piedad hace un poco más de dos años, señalándolo como «el eje del mal absoluto» y una «cueva de delincuentes».

Reparados los puentes rotos tras el fraternal abrazo con el exgobernador Juan Carlos Romero, y tras asistir este a la fastuosa boda de Urtubey, celebrada el 24 de septiembre de 2016, la relación entre el poder político formal y el poder en las sombras ha mejorado de una forma casi milagrosa.

La mejoría no se ha extendido al lenguaje del Gobernador, a quien parece hacerle mucha gracia el empleo de expresiones de preocupante vulgaridad en sus discursos públicos.

Si hace algún tiempo -y no sin antes padecer una súbita crisis de sinceridad- Urtubey reconoció que en Salta «hay gente que se caga de hambre», en la entrevista concedida a El Tribuno se despachó con otra ordinariez de similar calibre: «...en vez de decir todo está mal, queremos que te vaya como el culo» (escuchar en 0.32 del audio adjunto).



No se trata de un exceso de campechanía ni de un simple abuso del lenguaje coloquial. La repetición serial de palabras malsonantes es producto de un cálculo especulativo más que evidente, destinado a «sintonizar» con los electores.

El Gobernador de Salta olvida que en Salta hay más de 300.000 niños en plena formación y aprendizaje de la cultura y del lenguaje, que pueden llegar a pensar que «hablar como el orto», como lo hace él a menudo, es una cualidad cívica y no un imperdonable defecto, revelador de la peor miseria del ser humano.

Hasta que Urtubey no las sacó del armario, las malas palabras no formaban parte del discurso político en el espacio público de Salta. Pero, con independencia de su educación y de su nivel sociocultural, los salteños rechazan las vulgaridades de este tipo, o al menos las consideran inapropiadas en boca de un político que desempeña altas responsabilidades y que aspira nada menos que a convertirse en Presidente de la Nación.

Muchos piensan que si su discurso público es así de bajo y grosero, en privado el habla del Gobernador debe de ser una cloaca. Y que será todavía peor en la medida de que la gente sin cultura aplauda estos excesos como si fueran una gracia.

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