Líderes
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

Una candidatura muy poco revolucionaria

Casi nadie duda a estas alturas que la inusual capacidad de Zottos de estar con Dios y con el diablo al mismo tiempo es lo que lo mantiene en el lugar que ocupa.
Zottos, Urtubey y el pato Aparato
Zottos, Urtubey y el pato Aparato

Pocas cosas más desdorosas debe de haber en la vida de un individuo que pertenecer a un 'aparato'. Una de esas cosas es «ser» un 'aparato' en sí mismo.


Felizmente, al exvicegobernador de Salta, Andrés Zottos, le pasa lo primero, no lo segundo.

Pertenecer al 'aparato', de la forma tan visible y tan poco autocrítica como lo hace Zottos, representa la negación de creatividad política: es el continuismo, revestido de ropajes nuevos y anunciado con los fuegos artificiales de siempre.

Durante años -largos años-, Zottos se ha dedicado a pasear su estampa por los pueblos más minúsculos de Salta, llevando siempre el mismo mensaje: el de redoblar el esfuerzo. La muletilla no se le ha caído de su boca, ni siquiera cuando intentó rebelarse contra su jefe Urtubey, interponiendo su candidatura en el camino -ya prolijamente desmontado y arado con dinero oficial- del hermano del Gobernador hacia el Senado nacional.

A despecho de sus promesas, los esfuerzos se han ido haciendo cada vez más tenues, lo que pone en duda el significado que para Zottos tiene el verbo «redoblar».

Se podría decir que el discurso de Zottos es la eterna promesa del «más de lo mismo», pero seríamos injustos con él si no le reconociéramos una capacidad muy aguda para retroceder en el tiempo. Dicho en términos cinematográficos y televisivos, Zottos no es precisamente Marty McFly pilotando el Delorean con rumbo al futuro, sino más bien el Dr. Tony Newman, de El Túnel del Tiempo posando sus pies en la cubierta del RMS Titanic, la tarde del 14 de abril de 1912.

En ciertos círculos de pensamiento en los que la frescura de las propuestas políticas es lo que cuent, se admite que aunque el 'aparato' goce de cierta vitalidad, y aun de popularidad extendida, sigue siendo 'aparato'; es decir, no deja de ser un recurso muy poco deportivo para participar en unas elecciones justas, competitivas y transparentes.

Pero Zottos le agrega a esta especie de pecado original una buena dosis de inmovilismo mental, que es, por así decirlo, inversamente proporcional a su intensa movilidad peatonal en las procesiones y misachicos.

Casi todo el mundo recuerda que, hace no mucho tiempo, en el parque San Martín, debajo de la estatua del Libertador de América, pronunció un elogioso discurso dedicado a los países árabes, que era una copia carbónica del mismo que había pronunciado semanas antes para ensalzar al Estado de Israel.

Casi nadie duda a estas alturas que la inusual capacidad de Zottos de estar con Dios y con el diablo al mismo tiempo es lo que lo mantiene en el lugar que ocupa. Por eso es que acierta Urtubey cuando dice que si Zottos resulta elegido «no se sumará un bando de la grieta».

Tiene razón, pues lo más probable es que Zottos, se sume a los dos lados, y sin despeinarse.

La única «grieta» que Zottos tiene reclara es la que divide el pasado del futuro. Aquí no hay dudas, pues el 'aparato' es, y desde hace bastante tiempo, parte del pasado. De un pasado que los salteños desean olvidar lo más pronto que se pueda.

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