Líderes
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Se calienta la campaña electoral

El Gobernador, inquieto y descontrolado, ha salido a atacar con dureza al Intendente de Salta, cuya audiencia electoral crece a medida que pasan las horas.
Gustavo Sáenz posa junto a sus candidatos
Gustavo Sáenz posa junto a sus candidatos

El imparable ascenso de la figura política de Gustavo Sáenz está provocando pequeños tsunamis en las filas de los seguidores del gobernador Juan Manuel Urtubey, quien se ha visto obligado a salir en persona a atacar al Intendente de Salta, en una clara señal de que los números, a casi un mes de la crucial votación de octubre, no le permitirán ganar en la capital del territorio.


Hace tiempo que Urtubey no descendía al barro de esta manera, pero la astucia de Sáenz y los aciertos de su administración han hecho que el Gobernador pierda la compustura y no se dé por satisfecho con la tibieza de sus dobermans, encabezados por el siempre deslenguado ministro Juan Pablo Rodríguez.

En un discurso con pocos precedentes, por su inusual virulencia, el hombre que se presenta a sí mismo en Buenos Aires como el apóstol de la concordia y el «logrado» que ha conseguido superar la grieta, ha atacado sin piedad a Sáenz, diciendo de él que es un «intendente mendicante», que acostumbra a «ponerse de rodillas» ante el poder federal, para conseguir hacer pequeñas obras para la ciudad de Salta.

Lo más curioso de este arbitrario retrato es que, según Urtubey, «sus» legisladores (porque los considera suyos) también mendigarán en Buenos Aires por orden suya, pero para hacer «grandes» obras en Salta. Seguramente el Gobernador reserva esta calificación a la venta puerta a puerta de anafes truchos o las conexiones domiciliarias de cloacas, tarea que con entusiasmo de principiante lleva adelante un funcionario de tercera línea del ministerio de Rodríguez.

Al mentar la mendicidad, Urtubey se olvidó por un momento de la humillante gira que él y algunos de sus ministros realizaron hace un año y medio por los Estados Unidos, de resultas de la cual la Provincia de Salta se endeudó a largo plazo a tasas inusualmente altas, resignando así no solo su dignidad sino también comprometiendo seriamente el futuro de los salteños.

Como era de esperar, las descalificaciones de Urtubey a Sáenz fueron refrendadas casi al instante por el polémico ministro Rodríguez, que no es la primera vez que insinúa que la ciudad es un desastre desde que Sáenz tomó las riendas. Y no solo eso: se sospecha de él que está detrás de las operaciones «revientacalles» de una conocida empresa pública (conocida por su proximidad a la bancarrota). De hecho -dicen los saencistas- Rodríguez es un hombre de la «grieta», pero no de las ideológicas sino de aquellas que algunos traviesos abren en los pavimentos recién fraguados.

La situación no puede ser más surrealista, por cuanto Rodríguez promete «mejores obras para la ciudad», dando a entender que son ellos -y no Sáenz- los que gobiernan la capital de la Provincia.

Con ser audaz, este enfoque no es sorprendente, por cuanto la base argumental de la cada vez más lejana candidatura a Presidente de Urtubey es que cuando él se siente en el Sillón de Rivadavia se convertirá en el mejor Gobernador que Salta ha tenido nunca. Es decir, que si alguien piensa llegar a un cargo tan importante con un objetivo tan pequeño como gobernar la Provincia de Salta, ¿quién le impide ejercer de intendente las veces que considere necesario?

No hace falta ser un lince para darse cuenta que si Urtubey ha salido a morder los garrones de Sáenz es porque este le está haciendo un agujero. Más grande o más pequeño, pero un agujero al fin.

Hasta hace unos días, la probabilidad de que los ciudadanos acuesten a Zottos el 22 de octubre era bastante elevada. Hoy, según se desprende del arrebato barriobajero de Urtubey y de la aerofagia descontrolada de Rodríguez, también peligran los «seguros» triunfos de Adrián Valenzuela y Santiago Godoy. Salvo, claro está, que el voto electrónico lo remedie.

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