Líderes
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

Extraña forma de ver las cosas

Zottos ve enemigos donde no los hay. El senador por el Departamento de San Martín es partidario de 'la grieta', pero no entre personas sino entre territorios. Para él, Salta no es una comunidad de ciudadanos sino una comunidad de intereses, permanentemente amenazada por otros, cuando lo cierto es que el país es uno solo y sus ciudadanos son todos iguales, con independencia de la provincia en la que vivan.
Andrés Zottos, a la izquierda
Andrés Zottos, a la izquierda

El senador provincial Zottos, ha arremetido en su discurso contra 'Nación', 'Provincia' e 'Hipotecario', todos juntos.


Según se desprende de una comunicación oficial de su equipo de prensa y que se refiere a una visita proselitista girada a la siempre bien renovadora ciudad de Metán, Zottos prometió a su feligresía «exigir que Nación escuche la opinión del pueblo».

Claro, él no es ni será «Nación» (a pesar de que aspira a formar parte de un poder de «Nación») sino que es y seguirá siendo «pueblo».

Por tanto, en la peculiar cosmogonía de Zottos «Nación» no es «pueblo» (o no lo incluye), sino su antagonista ontológico, su exacto contrario.

En virtud de ese principio filosófico tan tartagalense, a «Nación» hay que sacarle los ojos, primero, y arrancarle los recursos, después; a ser posible, agarrándola de los tobillos y sacudiéndola boca abajo para que aflore lo que lleva en los bolsillos.

Zottos no se ha puesto a pensar en qué sería de Salta y de los salteños (por no hablar de los cordobeses o los chaqueños) si la furia federalista que brota del manantial tartagalense consigue derrotar a ese monstruo que se llama «Nación».

El candidato a diputado nacional no conoce el significado de la expresión «solidaridad interterritorial» y no parece querer darse cuenta que Salta ha vivido de ella en los últimos treinta y cinco años, si no más. Es decir, que si en Tartagal hay luz es porque ese monstruo multicéfalo, esa hidra a la que el nuevo Hércules de Larnaka quiere matar de un solo golpe de machete, ha puesto los recursos para que sus vecinos no anden a tientas por la noche.

Uno se puede imaginar que si un buen día «Nación» ve aparecer a un gigante malencarado como Zottos atravesando imponente el azulado dintel del Congreso, se va a pegar un buen susto y decir: «Uy, mejor no jodamos con este grandote y vamos preparando la chequera».

Si Zottos va a representar al «pueblo», según dice la Constitución, será al pueblo de la República Argentina; es decir, a todos los cuarenta y cinco millones (sin exclusiones territoriales irrazonables). No al pueblo que vive en Salta, que, por supuesto, ya tiene quien lo represente.

A decir verdad, si se trata de enfrentar a dos potestades, quien debe representar al pueblo de Salta ante «Nación», ese no es otro que el Gobernador de Salta, que por cierto lo hace muy bien, pues no solo pasa tres cuartas partes de su vida en Buenos Aires, sino que el cuarto restante lo pasa en París, en Nueva York, en Barcelona, en Montevideo, etcétera, etcétera. Es lo que se llama un federalismo de «altos vuelos».

Ni Zottos (si resulta electo) ni ningún diputado nacional por Salta puede ni debe ser representante personal del Gobernador, como ellos pretenden. El compromiso de los legisladores nacionales es siempre más intenso con la unidad plural del Estado nacional, que con las particularidades y las mezquindades regionales de Salta o de cualquier provincia. Lo que Zottos debe decir en su campaña, pues, no es cómo «beneficiará» a Salta sino cómo hará para hacer más grande, más próspero y más justo a todo el país, sin injustas exclusiones.

Lo que hay que pensar es que si en los últimos catorce años Zottos ha sido diputado nacional, vicegobernador de Salta y senador provincial (cargos de no poca entidad), y aún sigue llorando por los rincones, lamentándose de «lo mucho que falta por hacer», es simplemente porque su habilidad para conseguir las cosas que desea están bajo mínimos. Vamos, que en ese caso directamente conviene votar a otro que tengas mejores cualidades para la pedigüeñería.

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