Crítica política
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

Una postal de Sicilia

Durante el largo gobierno de Urtubey, el número de policías a sueldo del gobierno ha crecido en un 150%. Las dimensiones de la fuerza de seguridad estatal y su funcionamiento basado en el amiguismo y el compadreo han convencido al Gobernador de Salta de que su pequeño ejército, más que de eficiencia y control democrático, necesita de recreación y divertimento.
Urtubey, ejerciendo de Papá Noel con su guardia pretoriana
Urtubey, ejerciendo de Papá Noel con su guardia pretoriana

El Gobernador de Salta quiere que los 12.000 policías a sueldo de la Provincia (los 5.000 que había ya antes de que se hiciera cargo del gobierno y los 7.000 que él nombró por su cuenta) disfruten del bienestar, en forma de actividades sociales culturales, deportivas, recreativas y educativas.


Lo de la «educación policial» no es nuevo, porque durante el gobierno de Urtubey han proliferado en Salta los escuadrones infantiles de Policía, que cumplen las funciones de un sistema educativo paralelo para los niños de Salta, hasta el punto de que algunos políticos -como el exvicegobernador Zottos- hablan de apertura y cierre del «año lectivo» de los referidos escuadrones.

Lo más destacable de la política de Urtubey en este aspecto es la consideración de la Policía como «familia»; es decir, exactamente igual a la consideración que de sí mismas tienen algunas organizaciones (extremadamente orgánicas) como la mafia.

Congruente con esta visión, el Gobernador ha inaugurado ayer un centro recreativo público, pero solo para los policías y sus parientes. Los civiles, fuera. Al conocerse esta noticia, algunos memoriosos han recordado cómo en la época de la dictadura militar el primer equipo del Centro Policial ganó el torneo de fútbol de primera división de Salta, antes de que se le prohibiera su participación, por razones obvias.

Este favoritismo no es nuevo, porque Urtubey ha dedicado buena parte de sus esfuerzos a crear espacios públicos (pagados con recursos igualmente públicos) para esa otra gran «familia» salteña que son los curas de la iglesia católica.

Pero lejos de valorar las consecuencias dañinas que para la democracia y las libertades tiene el fomento de ciertas estructuras autoritarias y represivas, Urtubey ha sacado pecho y recordado en su discurso de inauguración que durante su gobierno (que anteayer ha cumplido los diez años) la Policía ha crecido «como nunca antes». Según él, lo ha hecho en «cantidad de efectivos, equipamiento, móviles, mejoras en el aspecto edilicio y tecnología».

Desde luego, al momento de alabar las dimensiones de «su» Policía, el Gobernador nada ha dicho de la relación inversamente proporcional entre las dimensiones de la fuerza (un pequeño ejército serbo-bosnio) y la formación de los agentes, así como respecto de la eficacia de la fuerza en orden a la prevención y la persecución de la criminalidad. Sobresale como ejemplo de esta alarmante falta de acierto el hecho de que la primera mujer asesinada en 2017 haya sido una joven de 18 años, y que la última (la número 21) haya sido otra joven, pero en este caso de 17 años.

A pesar de lo escalofriante de estos datos, el Gobernador ha calificado la construcción del parque recreativo exclusivo para policías, como «un acto de justicia» y como un «reconocimiento» personal.

Palabras más, palabras menos, este fue el mismo juicio que lanzó al aire el entonces ministro de Seguridad Pablo Kosiner cuando en 2011 condecoró a una decena de policías por el supuesto esclarecimiento express del crimen de las turistas francesas, que poco después se descubrió que habían torturado a los detenidos, plantado pruebas y desviado el curso de la investigación de un crimen que, hoy y gracias en parte a estas maniobras policiales, permanece impune y como la mayor vergüenza de Salta en el plano internacional.

Para festejar todos estos «logros», la enorme y bien avenida «familia» policial de Salta tiene ahora un centro recreativo en la urbanización La Almudena de Salta, construido y mantenido con los impuestos que pagan los salteños, pero para tener policías eficientes y no tanto divertidos.

Mientras la Policía siga funcionando en Salta como una «familia», no caben dudas de que Urtubey se sentirá más «capo» que nunca y Salta se parecerá cada vez más a Sicilia.

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