Crítica política
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Hallazgo del cadáver de Paola Álvarez

Aparece otra mujer muerta en Salta el mismo día en que la Primera Dama, Juliana Awada, visita la Provincia en compañía de la ministra Stanley. Estas muertes exceden con creces el ámbito de la violencia de género y se perfilan como un fenómeno criminal inédito en cuya reproducción influyen las políticas equivocadas del gobierno y el narcisismo del Gobernador.
Stanley y Awada en Cachi junto a Urtubey y Macedo
Stanley y Awada en Cachi junto a Urtubey y Macedo

El mismo día en que el Gobernador de Salta y su reluciente esposa han intentado mostrarle las maravillas de su gestión a la Primera Dama, Juliana Awada, de visita en nuestra provincia, se ha confirmado el hallazgo del cadáver de la joven Paola Álvarez, quien era intensamente buscada por las fuerzas de seguridad en los últimos meses.


A pesar del terrible hallazgo, el clima político en Salta sigue siendo el mismo. Nadie, por temor a represalias o a perder sus ingresos, se anima esta tarde a denunciar lo que es poco menos que evidente: que se mata con asombrosa facilidad a las mujeres en Salta, porque el gobierno no acierta a protegerlas adecuadamente.

La noticia de hoy, ya de por sí lamentable, lo es mucho más todavía si se tiene en cuenta que se ha producido el mismo día en que dos mujeres con importantes responsabilidades en la política nacional (la ministra Carolina Stanley y la primera dama Juliana Awada) se encuentran en Salta. Los salteños deberían experimentar vergüenza ante esta infeliz coincidencia, pero callan y miran pasar delante de sus ojos las cosas más bárbaras sin apenas inmutarse.

Más aún cuando el ciudadano comprueba que al gobierno le importa más soltar un cóndor en la montaña u organizar fiestas para el Día del Niño que cuidar la vida y la seguridad de los ciudadanos y ciudadanas a quienes debe su propia existencia.

El problema excede notablemente los acotados marcos de la violencia de género. Es un error creer que con medidas pensadas para atacar una violencia generalizada pero de baja intensidad se puede acabar con esta matanza sistemática que amenaza los propios cimientos de la sociedad.

Hay en Salta un fenómeno criminal que no tiene raíces culturales como pretende el gobierno sino que obedece a motivaciones complejas y se ve especilmente favorecido por unas políticas equivocadas, mal llamadas «de género», que exacerban los peores componentes ideológicos de la división entre los sexos, que fomentan la criminalización indiscriminada del varón, al tiempo que se alientan formas de diversión popular que cosifican a la mujer y la convierten en objeto de los peores instintos del ser humano.

Estas políticas erradas son responsabilidad exclusiva del gobernador Juan Manuel Urtubey, de su cerrado conservadurismo, de su negativa a educar en la igualdad renunciando a las manipulaciones ideológicas y de su imperdonable egocentrismo. El gobierno provincial, inerme y desbordado, debe dar un giro urgente en esta materia y buscar otras soluciones, que sean compatibles con los niveles de libertad que demanda la sociedad.

Mañana mismo podría la Provincia de Salta reducir su pobreza a cero y tener las instituciones más eficientes del país, que en tanto sigan apareciendo cadáveres de mujeres asesinadas en las cunetas, el Gobernador de Salta jamás podrá alcanzar su sueño de convertirse en Presidente de la Argentina.

No solo lo impedirán las mujeres a las que ha dejado de defender por enrocarse en su delirio de poder sino también el sentido común.

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