Crítica política
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

10 años gobernando y las culpas son de otro

Urtubey piensa que Cristina Kirchner y Mauricio Macri son la misma cosa, en cuanto a los recursos finacieros que uno y otro han enviado y envían a Salta. A Urtubey no le ha resultado ser kirchnerista primero y macrista después para mejorar la situación financiera de su provincia. Tal vez si lo hubiera intentado a la inversa...
Juan Manuel Urtubey y José Manuel Cano
Juan Manuel Urtubey y José Manuel Cano

El Gobernador de Salta ha vuelto ayer a escribir una página de oro en la ya densa historia del absurdo peronista al manifestar que, en cuanto a su bolsillo se refiere (entiéndase a las arcas públicas), el gobierno de Cristina Kirchner y el de Mauricio Macri se parecen como dos gotas de agua.


Esta festiva afirmación de Juan Manuel Urtubey no debe de haberle hecho demasiada gracia al presidente Macri y al cogollo de Cambiemos, ya que desde hace más de un año y medio el uno y los otros pugnan por diferenciarse de su desgraciada antecesora hasta en el más mínimo gesto.

Pero con independencia de las repercusiones que las palabras de Urtubey puedan tener en el macrismo (del que se aleja y se acerca con el mismo ritmo parsimonioso que el movimiento de contracción y expansión de las galaxias), lo cierto es que Urtubey ha reconocido con sus palabras, -sin proponérselo, claro está- que sus habilidades como «conseguidor» de recursos financieros para Salta son realmente lacrimógenas.

El razonamiento es muy sencillo: si hoy la situación es mala (con Macri) y lo fue exactamente igual con los Kirchner, y teniendo en cuenta que Urtubey fue kirchnerista con estos últimos y macrista con el primero, ¿cómo es que no aprovechó estas dos afinidades sucesivas para obtener más y mejores recursos de financiación para Salta?

Es más: cuando el gasto público en la Argentina crecía a un ritmo galopante y los millones fluían sin control desde el vértice del poder (pensemos, por ejemplo, en los alegres dispendios de Milagro Sala o de Hebe de Bonafini), la Provincia de Salta, bajo el mando de Urtubey, seguía gravemente desfinanciada. ¿Por qué motivo?

Urtubey y sus amigos -imitando a casi todos los gobiernos que les precedieron- repiten como loros el discurso que habla de la perfidia del puerto y del centralismo asfixiante, de funcionarios insensibles o de «facción de burócratas», porque la traslación de culpas al gobierno federal es ya un símbolo de Salta como puede serlo el Monumento a Güemes o su horrible bandera.

Es una pena comprobar, de verdad, cómo al Gobernador moderno, al de los métodos científicos y al aplicado analista de políticas públicas, resulta que cuando se le queman los papeles y su torpeza amenaza con hacerse visible y evidente, resuelve aplicar las recetas que sus antecesores en el cargo han ensayado, con escasísimo éxito, desde las épocas de Patxi Gorriti. Es decir, que el que creía que se las sabía todas se vio obligado a dar sorbos profundos de la amarga pócima del federalismo insatisfecho.

Una inquietud generalizada

Pero lo que verdaderamente inquieta a los salteños es la constatación, en el plano de los hechos, de que los tres gobiernos sucesivos de Urtubey hubieran sido igual de desastrosos si la totalidad del dinero de la coparticipación federal hubiera aparecido una mañana en un contenedor descendiendo del Portezuelo. Si el destino de ese dinero hubiera que tenido que ser decidido por almas cándidas como las de Parodi, Rodríguez o Calletti, esta es la hora que la quiebra del Estado sería un hecho incontestable e irreversible.

Hay alguna gente que se ensaña con la ministra Pamela Calletti, pero no llevan razón. Los que le niegan cualquier mérito ignoran que la actual Ministra de Derechos Humanos y Justicia ha logrado, en muy poco tiempo, hacer que su antecesora en el cargo, Marianela Cansino, se asemeje a Churchill. Los que pensaban que no habría quien pudiera hacerlo peor que Cansino se han equivocado por varias cuadras.

Del gobierno de Salta no sale ni saldrá una sola autocrítica a su deficiente gestión. El Gobernador lo tiene estrictamente prohibido. Es más fácil, sin dudas, echarle la culpa al gobierno nacional, pero siempre «de El Tala para acá», ya que si lo hacemos en la otra dirección (esto es «de El Tala para allá»), corremos el riesgo de que alguien se dé cuenta de la maniobra de distracción y de la poca disposición de algunos para asumir las culpas y responsabilidades que les son propias.

Entre los gobiernos de Kirchner y Macri hay diferencias notables, pero, si acaso, una sola similitud: ambos han usado a Urtubey y este apenas si se ha dado cuenta.

Sin embargo, algunos salteños, de cuyas paredes no cuelga un diploma de «humanista moderno», sí que se han dado cuenta de este juego instrumental y piensan en consecuencia que nuestro Gobernador, además de no haber sido bendecido con la gracia de la sabiduría, es también un poco (demasiado) ingenuo.

Artículos leídos recientemente

eXTReMe Tracker