Crítica política
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Un error de cálculo de unos 98 años y medio

El Gobernador de Salta se declaraba en 2013 partidario de un gobierno kirchnerista por 100 años. Hoy, a solo cuatro años de aquella declaración, dice que el kirchnerismo se robó los recursos que le faltan a su gobierno para sacar a Salta de su atraso estructural.
Urtubey despacha distendidamente con Julio De Vido
Urtubey despacha distendidamente con Julio De Vido

El Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, ha dirigido ayer un breve pero significativo (y no por ello menos emotivo) discurso de campaña. Ha sido en la cena que la fuerza política que apadrina -y que lleva el manoseado nombre de Unidad y Renovación- sirvió a una cantidad más bien modesta de comensales con el objetivo de recaudar fondos para sufragar su actividad proselitista.


Durante su alocución, a la vez de pedir a sus candidatos a diputados nacionales que se conviertan en una especie de mendigos de recursos «para Salta», el Gobernador ha justificado la postura de los actuales diputados por esta Provincia (a los que responden a sus órdenes nos referimos), que como bien es sabido votaron a favor de la exclusión de la Cámara de Diputados de Julio De Vido, exsuperministro kirchnerista, acusado de varios hechos de corrupción aún no acreditados de forma definitiva por los tribunales de justicia.

Sobre este último punto, Urtubey ha dicho con una inusual convicción que no piensa «apañar la corrupción que hizo que en Salta haya lugares que todavía no tengan agua potable, cloacas, gas, casas. Esa plata se la robaron y nosotros no lo vamos a perdonar». Si bien Urtubey confunde interesadamente la corrupción ajena con la ineficiencia propia (cuando no con el robo vernáculo), lo llamativo de estas afirmaciones es su certeza de que el kirchnerismo se apropió del dinero al que no tenía derecho y que «nosotros» (probablemente él y otros como él) «no lo vamos a perdonar».

Esta declaración se asemeja bastante -quizá por el empleo del plural- a las sentencias que de vez en cuando pronuncia la mafia (que suele acompañar el pronunciamiento deslizando el dedo índice de izquierda a derecha, a la altura del cuello); esta organización no suele ser muy amiga de perdonar las ofensas y, sobre todo, las traiciones.

Hablando de estas últimas, el robo que hoy denuncia Urtubey (seguido de la condena eterna) contrasta mucho con sus opiniones de hace solo cuatro años.

Según recuerda un memorioso candidato a las próximas elecciones, que no pertenece -pero perteneció- en cuerpo y alma al «espacio» urtubeysta, al actual Gobernador se le fue la lengua en agosto de 2013 cuando, entrevistado por un diario oficialista, famoso por haber usurpado el nombre noble de un antiguo periódico conservador de Salta, dijo que su deseo era que el kirchnerismo gobernara durante 100 años.

En aquel momento, quien hoy critica de forma desbocada la corrupción del gobierno anterior y señala a la misma como la causa unívoca del gran atraso estructural que padece Salta y que ha hecho que su gobierno de diez años sea una caricatura de lo que él mismo prometió en 2007, dijo también que «el Norte necesita 100 años más de reivindicación».

Por suerte, el paso del tiempo ha demostrado que la tan mentada «reivindicación» cuyo centenario deseaba nuestro Gobernador con inusual vehemencia en 2013 era más bien un «latrocinio», una operación descarada de despojo, prolijamente organizada por quienes tuvieron -como él- las más altas responsabilidades de gobierno durante esta etapa.

Tanta era la fascinación de nuestro Gobernador por la ladrona eficacia social del modelo, que en la misma entrevista se proclamó «igual de kirchnerista que siempre». Siempre antes, siempre entonces y siempre ahora, pues no hay otra interpretación posible para un adverbio tan bello y concluyente como lo es «siempre».

En aquella hoy casi olvidada entrevista, Urtubey explicaba al crédulo pueblo de Salta que el desafío de la hora (de aquella hora) «era darle continuidad al proyecto del gobierno nacional». Tan fuerte fue su afirmación entonces, que el Urtubey de 2013, cuatro años después, no ha variado ni un ápice su postura «continuista». Tanto, que hoy se muestra igualmente partidario de los 100 años, pero no ya de Kirchner -que para él «ya fue»- sino del gobierno de Macri, al que todo indica que ha adherido con esa pasión tan abrasadora que lo corroe por dentro.

La pena es que esa corrosión no alcance a las hemerotecas digitales y a las memorias de ciertos historiadores jubilados de muy mala baba.

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