Crítica política
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños
Psicoanálisis profundo
¿En qué medida Jean-Michel Bouvier se ha dado cuenta de ciertas cosas que los salteños ignoran o se empeñan en negar? En Francia no solo nació la Libertad, como la conocemos, sino también el método científico. Aquí un ejemplo.
Consulta de Jacques Lacan, en el número 5 de la rue de Lille, en París
Consulta de Jacques Lacan, en el número 5 de la rue de Lille, en París

Jacques Lacan, el más controvertido, pero seguramente el más influyente, científico del psicoanálisis desde Sigmund Freud, ejerció durante más de cuarenta años su profesión en el 7º arrondissement de París, más concretamente en el número 5 de la rue de Lille, muy cerca de un monumento a la cultura como lo es la casa del mítico Serge Gainsbourg.

En términos geográficos y culturales, Lacan es un hombre de la rive gauche, lo mismo que Jean-Michel Bouvier, vecino del 5º arrondissement, que no dista mucho del lugar en el que Lacan brilló como psicoanalista y que se caracteriza por albergar algunos iconos de la cultura francesa, como el Panteón, la Universidad de la Sorbona, la biblioteca Sainte-Geneviève, el Colegio de Francia, la Escuela Normal Superior, el Instituto Curie, el Liceo Henri IV, la Escuela Superior de Física y Química Industriales de la Villa de París, el Colegio de los Bernardinos o el Museo Nacional de Historia Natural.

Con estos vecinos, sería un poco extraño que Bouvier fuera un hombre silvestre, alguien poco avisado, incapaz de distinguir entre la personalidad deslumbrante de un prominente hombre de Estado y la de un ladino escondedor de los valles altoperuanos.

La carta que Bouvier dirigió ayer a Urtubey en la que le echa en cara su corto lenguaje y su falta de empatía (que no es otra cosa que una frialdad patológica reveladora de una profunda carencia de afectos, tanto en su faz activa como en su faz pasiva) es reveladora de un cúmulo de circunstancias interesantes para la ciencia, y no precisamente la política.

Para el psicoanálisis, los afectos se encuentran implicados a título de causalidad psíquica en los síntomas neuróticos y en los histéricos en particular.

Del otro lado, la mentira es para el psicoanálisis un impasse y una solución para cierta fragilidad humana de cara a aquello que nos molesta, que nos divide y contradice la idea de la realidad que cada uno quiere construir.

Pero la mentira también es un cierto poder, un poder dado por la posibilidad de ejercitar esta facultad asombrosa de «decir lo que no es» y de crear por la propia palabra un mundo más plausible, más acorde con nuestra pobre razón.

Aquí reside buena parte del problema, ya que la pregunta que hay que formularse es la siguiente: ¿es necesario ser francés, vivir en el 5º arrondissement, ser vecino de la Sorbona y de la Escuela Normal Superior para darse cuenta de estas cosas?

Cualquiera sea la respuesta que quisiéramos dar a este interrogante, lo que parece cierto es que los salteños, hayan nacido en el barrio que hayan nacido, con vecinos cultos o poco cultivados, no nos hemos dado cuenta de esto, ni parece que quisiéramos hacerlo.

Si tres o cuatro encuentros cara a cara le han bastado a Bouvier para proclamar que el crédito del Gobernador de Salta en cuanto a él respecta es cercano a cero, ¿cuántas veces lo tienen que ver los ciudadanos de Salta para darse cuenta de que ese crédito -si alguna vez existió- hoy está muy por debajo de cero?

Mañana domingo es probable que Emmanuel Macron arrase otra vez en París como lo hizo hace dos semanas. No sabemos a quién votará Bouvier, si es que acude a votar; pero lo que es seguro es que si le preguntan para la próxima elección legislativa en Salta, sus preferencias estarán lo más lejos posible de Urtubey y de sus amigos.

Está muy bien eso de viajar a París a comprarse ropa en la avenue Montaigne (o en el Sympa Poutou del boulevard Rochechouart). Lo que estaría mejor es pasarse un rato por la Sorbona, a ver si se les pega algo. Y si la cosa no funciona, consultar a un buen psicoanalista, que en París los hay a montones.

Casa de Serge Gainsbourg, en el 5 de la rue Verneuil, en París
Casa de Serge Gainsbourg, en el 5 de la rue Verneuil, en París


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