Crítica política
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Urtubey, reencarnación de Güemes
Urtubey, reencarnación de Güemes

El Gobernador de la Provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, ha aprovechado el acto público organizado en conmemoración el nacimiento de Güemes, para trazar una imposible comparación histórica y política entre él y el prócer de la Independencia.

En un alarde de osadía histórica que apenas si registra precedentes en Salta, Urtubey colgó del cuello del héroe gaucho el título de «conductor de su pueblo», una denominación política que utilizaron con gran provecho personal, y hasta su muerte, líderes nacionales de la talla de Benito Mussolini, Josif Stalin y Nicolae Ceaucescu. El primero y el segundo -vale la pena recordar- murieron violentamente a manos del mismo pueblo que «conducían».

Lo más llamativo es que ni Güemes ni sus epígonos (que rechazan abiertamente el rótulo de «caudillo») llamaron al líder gaucho con el nombre de «conductor», una denominación acuñada modernamente por el fascismo y reutilizada, entre otros movimientos populistas, por el peronismo.

Güemes no era un «conductor» de masas sino un jefe militar con una gran ascendencia sobre el pueblo llano. Las «masas», con identidad propia y apetitos de participación política, no surgirían antes de transcurridos ochenta años desde la muerte del general salteño.

En un pasaje de su discurso y después de calificar a Güemes del modo en que lo hizo, Urtubey pidió «que tomemos por un instante la dimensión que significa esta función» (la de conductor). Lo que automáticamente supone comparar la propia función de «conductor», la que ejerce Urtubey, con la que en su momento ejerció Güemes, porque ambas -según el mandatario- revelan el significado de la «lucha por la patria».

La comparación no es favorable a Urtubey, de ningún modo. Primero porque Güemes fue un gobernante limitado (tanto en el tiempo como en facultades); segundo porque Güemes murió baleado en pleno centro (nadie desea el mismo destino para Urtubey) y tercero porque cuando Güemes dejó de ser gobernador su riqueza material no equivaldría ni a un millonésimo de la que hasta el día de hoy ha llegado a atesorar el gobernador Urtubey.

Y hay otros argumentos, como que Carmen Puch no protagonizaba telenovelas eróticas y que los hermanos de Güemes no hicieron fortuna valiéndose del cargo de su pariente.

Si Urtubey quiere compararse con Mussolini, Stalin o Ceaucescu, es su problema. Algo tendrá en común con ellos, más allá de lo que está a la vista. Pero hacerlo con Güemes y en esos términos parece un poco exagerado.

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