Jorge Raventos
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños
Panorama semanal
El autor analiza el cambio de estrategia electoral del partido de gobierno y señala sus errores.
Sergio Massa
Sergio Massa
Faltan menos de 30 días para que las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias revelen una foto verosímil (aunque provisoria) del paisaje electoral. En rigor, las PASO, imaginadas para que la ciudadanía pudiera intervenir directamente en la selección de candidatos de los partidos, han quedado reducidas a una mera encuesta censal, un croquis en escala 1:1 del estado de las preferencias políticas de la opinión pública.

Ese estado se verá modificado por los datos que entreguen las urnas y la tendencia al llamado “voto estratégico”: muchos de los sufragios que el 13 de agosto se inclinen por candidatos que tras el escrutinio queden muy postergados, terminarán optando en octubre por otros que luzcan con mejores chances.

Viraje y malas maneras

La campaña de las PASO comenzó formalmente el viernes, pero la política ya se venía moviendo anticipadamente a su ritmo.

Es la ya densa atmósfera preelectoral la que enciende los ánimos y modifica conductas. El oficialismo, cuya estrategia giraba hasta hace poco alrededor de la coronación del kirchnerismo como principal contrafigura para un conveniente escenario de polarización, está girando ahora el timón.

Mientras delega parte del énfasis antikirchnerista en la abundante cobertura mediática sobre los pasados negocios y los presentes fueros del exministro De Vido, empieza a apuntar ahora contra la alianza Un País, pues observa que la dupla Sergio Massa-Margarita Stolbizer compite con posibilidades por una gruesa franja del electorado compuesta por ciudadanos descontentos que en 2015 votaron –primera o segunda vuelta- por Cambiemos.

El viraje y la virulencia antimassista que imperan en Cambiemos (sobre todo en el macrismo) se observan en datos como el ataque que lanzó el miércoles el jefe del bloque de diputados del Pro, Nicolás Massot, un político joven y lúcido que se ha caracterizado por su sensatez y capacidad de diálogo. El tono ácido y agresivamente personalizado que empleó ese día contra Massa evidencia menos un cambio en la naturaleza moderada de Massot que una imposición de la atmósfera que reina en su partido en las vísperas electorales.

Ese clima también impregna otros sucesos. Por ejemplo, los cuestionamientos internos a la exitosa promoción del Banco de la Provincia de Buenos Aires impulsada por la gobernadora María Eugenia Vidal.

La oferta de un descuento del 50 por ciento en los precios de alimentos y artículos de uso cotidiano comprados durante el miércoles 12 con las tarjetas del Provincia generó ese día el vuelco de decenas de miles de personas a los supermercados, colas de hasta ocho cuadras, esperas de varias horas para poder acceder a los locales y ventas en esos establecimientos hasta veinte veces mayores que las de los miércoles normales. La gobernadora se había propuesto estimular el consumo popular y evidentemente logró su objetivo.

Para los críticos internos de la promoción, las imágenes de las largas colas y las extensas esperas “pueden ser interpretadas como evidencias de pobreza e inflación”, algo que consideran problemático para el oficialismo cuando se inicia la campaña. Es el clásico tema del vaso medio lleno o medio vacío.

En términos electorales, las primarias quizás sirvan como un indicador sobre la promoción del Banco Provincia: casualmente, la próxima jornada de maxidescuentos ocurrirá el miércoles 9 de agosto, cuatro días antes del comicio.

Al lanzar su propia campaña, Massa y Stolbizer también agregaron críticas a la promoción: señalaron que esta había baneficiado a grandes supermercados pero perjudicó, en cambio, a los pequeños comercios de cercanía con una competencia desleal subsidiada con fondos de un banco público. “El problema de los precios –dijo el candidato renovador- lo tiene que resolver el Gobierno Nacional con medidas concretas que reduzcan el costo de la canasta básica para todos los argentinos que lo necesitan y no sólo para los clientes de un Banco”.

En espejo con el viraje oficialista que ha decidido apuntarle, Massa responde con artillería pesada y combate simultáneamente contra los dos vértices del eje polarizador, macrismo y kirchnerismo. Sin nombrarlos, alude a ellos con consignas filosas: "Entre el pasado de ladrones y el presente para ricos hay un futuro de grandeza".

Kirchnerismo con filtro

La señora de Kirchner inició (más bien, continuó) la campaña de Unión Ciudadana en Mar del Plata, desplegando su propio viraje, su nuevo estilo light: pocos minutos de oratoria, tono contenido y sensible, selección del público, acompañamiento de ciudadanos llanos, preferentemente no políticos, que dan testimonio de sus aflicciones. En ese marco, ella pide el voto “no para mí” –dice- sino “por ustedes mismos (…) en defensa propia (…) para parar este dolor” (es decir, la acción del gobierno de Macri).

Empinada en las encuestas con la contribución del oficialismo que, para beneficiarse con la comparación, procuró durante largo tiempo usarla como El Cuco (según la expresión de Elisa Carrió), la Señora ha sabido aprovechar esa ventaja. Disciplinadamente acepta los consejos de un asesor profesional para su campaña, atornilla la adhesión de su público tradicional y tiende puentes para atraer simpatías de algunos que habían tomado distancia. Confía, por ejemplo, en recuperar (si no en las PASO, en la elección general de octubre) parte del pequeño caudal que, según las encuestas, hoy se inclina por la candidatura de Florencio Randazzo. Si a la mera presentación de la candidatura de la señora de Kirchner pudo adjudicársele la renuencia de los inversores, una victoria de ella en la provincia de Buenos Aires sería vivida como una verdadera catástrofe por el gobierno.

La Casa Rosada aparenta indiferencia frente a las noticias que le ofrecen sus encuestadores, pero la procesión va por dentro: el Presidente se muestra fastidioso porque las cosas no se ajustan a las promesas ni a las proyecciones que le han formulado algunos de sus colaboradores. Así, a veces él mismo contribuye al desorden de las cosas.

Pasos en falso

Por ejemplo, Macri decidió viajar a Córdoba, un escenario en el que compite consigo mismo: allí consiguió, proporcionalmente, la mejor votación en octubre de 2015. Tendrá que esforzarse por emular aquel resultado, pero Cambiemos está empeñado en ganar la elección.

Tiene para eso que superar al peronismo de José Manuel de la Sota y del gobernador Juan Schiaretti, probablemente el mandatario peronista que mejor dialoga con el gobierno nacional. Schiaretti es el vértice virtual de la liga de gobernadores justicialistas con la que la Casa Rosada deberá negociar para conseguir gobernabilidad y apoyo en un Congreso que previsiblemente se volvería más complicado si la señora de Kirchner ingresara al Senado.

Dados estos elementos, podría suponerse que el Presidente mide con cautela sus movimientos en relación con el gobierno cordobés. La visita a la provincia provocó, sin embargo, chisporroteos inoportunos.

En principio, Macri llevó en su avión a Héctor Baldassi, el exárbitro que es candidato principal de Cambiemos, dando así un sesgo partidario a una visita oficial (algo que tanto se cuestionara al kirchnerismo).

El Presidente también consideró razonable lanzar en público una reconvención a Schiaretti, ante quien se quejó por la tasa de impuesto a los ingresos brutos que impera en Córdoba “que está matando a la gente”. Obligó así a Schiaretti a responderle.

Primera réplica: “Estaremos encantados de bajar ese impuesto cuando el Estado nacional nos pague lo que le debe a la provincia”. El gobernador recordó que Córdoba necesitó un fallo de la Corte Suprema para defender su interés.

El paso en falso presidencial le dio a Schiaretti pie para abundar en sus argumentos. “Lamento que el Presidente Macri haya venido a Córdoba a decir cosas que no se ajustan a la realidad”, señaló, y agregó que “quienes tienen los impuestos a los ingresos brutos más altos son precisamente los distritos que gobierna Cambiemos: en el comercio mayorista, provincia de Buenos Aires cobra el 5%, Córdoba el 4,75%; en el comercio minorista, provincia de Buenos Aires cobra el 5%, Córdoba el 4,75%; en los servicios, provincia de Buenos Aires cobra el 5%, Córdoba el 4,75%; en el transporte, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) cobra el 4%, Córdoba el 3,5%; en la producción agropecuaria, la Provincia de Buenos Aires cobra el 1%, Córdoba no le cobra nada a los productores agropecuarios; en la industria, la Provincia de Buenos Aires cobra el 1,5%, Córdoba el 0,5%; en la construcción, CABA cobra el 5%, Córdoba el 4%”, detalló minuciosamente Schiaretti.

Los nervios desatados por la proximidad de la prueba electoral provocan errores no forzados. El gobierno nacional debería tomar en cuenta que, más allá de la óptica de partido y del natural espíritu de competencia, hay cuestiones más amplias que atender que trascienden los resultados electorales y deberían contribuir a superar las grietas.

Final: la grieta, los cambios y el Papa

Si el clima tenso de las elecciones (no tanto las primarias como las “de verdad”, las legislativas del 22 octubre) dilata por momentos la famosa “grieta”, resulta un exceso explicar con ese argumento la conducta del Papa Francisco. Se ha dicho que el Pontífice no visita la Argentina por culpa de las divisiones (y hasta se le ha adjudicado a él mismo simpatía por una u otra facción). Sería más razonable pensar en motivos eclesiales.

Este año se producirá un cambio de guardia en la Conferencia Episcopal: monseñor José Arancedo, quien asumió en noviembre de 2011, concluye su período. Desde ese mes habrá una nueva conducción local, probablemente más joven, que el Propio Francisco promoverá. Es probable que recién entonces (digamos, en 2018) Francisco visite su patria.

Un año atrás, como se consignó en esta columna, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, responsable de la Academia Pontificia de Ciencias y un vocero habitual de la Santa Sede, había dado alguna pista sobre los motivos por los cuales Francisco postergaba un viaje a la Argentina: comentó que, en el caso de Juan Pablo II, “se veía que estaba la Iglesia polaca atrás (…) no se entiende cómo no hay una solidaridad análoga a la que había con el papa polaco, a la que había con el papa alemán y con los papas italianos. Es una cosa curiosa”.



eXTReMe Tracker
EXs=screen;EXw=EXs.width;navigator.appName!="Netscape"?EXb=EXs.colorDepth:EXb=EXs.pixelDepth;