Jorge Raventos
- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños
Elisa Carrió
Elisa Carrió
Elisa Carrió confirmó que será candidata a diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se reunió con Mauricio Macri en Olivos con ese fin y ya parecía haberlo admitido el miércoles a la noche, en un programa televisado cuando, de inmediato, retaceó las certezas y relativizó el anuncio con una frase que lo suspendía (“No sé todavía si voy a ser candidata”). Lo único que dejó claro esa noche fue que no se postularía por la provincia de Buenos Aires.

Todo indica que, aunque adelantada en los títulos, la difícil negociación que ladiputada desarrolla con las principales espadas del Pro no se puede dar aún por concluida.

Lilita, la estratega

El estilo de la doctora Carrió cuando habla de sus asuntos es el de una astuta jugadora de truco. Alardea o disimula, muestra u oculta tratando de sacarle el máximo rendimiento a sus cartas. Por un lado esgrime el argumento de cierto agotamiento físico (y tal vez anímico, porque “siempre me dejan sola”); al mismo tiempo reclama lugares en las listas para sus discípulos (“no puede seguir pasando que yo dirija la estrategia electoral, ganemos las elecciones y yo pierda diputados”).

Con todo, lo que parece claro es que en un punto que exhibía como su deseo principal (candidatearse en la provincia de Buenos Aires) tuvo que irse al mazo. Allí debió ceder ante una operación de pinzas en la que intervino la cúpula completa del Pro, aunque ella prefiere circunscribir la decisión a María Eugenia Vidal y el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba, que –dice ella- “creen que no me necesitan”. Carrió canta su juego (“en la provincia tengo el 34 por ciento de intención de voto”) y dispara una ácida ironía que puede ser una factura a cobrar después de las urnas: “Ellos prefieren un candidato más desconocido”. De todos modos, enmascara el revés de ese rechazo y se declara satisfecha de no haber conseguido lo que quería (“Me saqué mil kilos de encima con el tema de la candidatura”).

La diputada había conseguido previamente un punto a su favor: con denuncias y ninguneos públicos logró desplazar de la postulación bonaerense al jefe comunal de Vicente López, Jorge Macri, a quien el Presidente, su primo, venía alentando tácticamente. Ahora el Pro le aplicó a Carrió una vieja regla de la política: el que saca no pone.

Más allá de los disimulos, la política chaqueña quedó despechada por el rechazo bonaerense y, aunque derrama mieles sobre la gobernadora Vidal, no se priva de clavarle banderillas acusando a ministros y miembros de su equipo. Los ataques de Carrió siempre son estridentes y ella no ignora que los medios no dejan jamás de amplificarlos. Quizás por eso muchas de sus víctimas se resignan a soportarlos filosóficamente. O le responden en otro espacio, como hizo el presidente de la Corte Suprema, que le inició un juicio civil. Saben que en los medios Carrió les saca una gran ventaja.

Durán Barba es un eufemismo

Aunque ha decidido disimular el hecho, la diputada no ignora que el desplazamiento de Buenos Aires no dependió de una ocurrencia de Durán Barba, sino de un cálculo de Mauricio Macri. Las pullas de Carrió hacen blanco en el ecuatoriano, pero Durán Barba es, a estos efectos, apenas un eufemismo.

Sucede que la doctora no quiere pelear con Macri. Y el Presidente tampoco desea una guerra con ella: ambos conocen sus límites y la ventaja de una sociedad. Pero cada uno de estos socios tiene intereses propios diferenciados.

Desplazar a Carrió de la provincia a la Capital es una jugada en la que Macri gana doblemente: le bloquea a la diputada su posible crecimiento y protagonismo en el distrito estratégicamente más importante del país, le evita una competencia potencial a María Eugenia Vidal y sortea el obstáculo político que podría representar Carrió para estrechar vínculos con la base y los cuadros peronistas del conurbano bonaerense, un objetivo que la gobernadora viene acariciando. En ese territorio agreste, la chaqueña tiene un techo bajísimo y un piso que le hace juego. En la Ciudad Autónoma, en cambio, ella le agrega al reclutamiento de millennials que caracteriza al Pro, discurso moralista y republicano que la tradicional clase media porteña siempre ha consumido con deleite. Transferida a la Ciudad Autónoma, Carrió le aporta a Horacio Rodríguez Larreta una marca de gran fuerza para afrontar en el distrito el desafío que entrañaría la candidatura (todavía potencial) de Martín Lousteau.

“Los caprichos de un niño” (Lousteau)

El ex embajador en Estados Unidos estuvo muy cerca de birlarle en 2015 a Rodríguez Larreta la jefatura de gobierno en el ballottage porteño y pretende conseguir ese objetivo en 2019, para lo cual le vendría bien una performance exitosa en las elecciones de octubre. El Pro decidió cerrarle la puerta de Cambiemos con lo que lo empujó, de hecho, al terreno de la oposición, ya que una victoria de Lousteau (inclusive una gran performance, parecida a la de 2015) sería un trago muy amargo para el partido del Presidente y para el propio Macri.

La postulación de Lousteau produce ruido en el seno de Cambiemos. La conducción radical de la Capital sostiene esa candidatura, que pretendía que fuese una carta a jugar dentro de la coalición, en las PASO de agosto. Esa posibilidad ha quedado bloqueada: no la quieren ni Macri, ni Rodríguez Larreta; Carrió, por su parte, puso como condición para su pase que no haya interna en el distrito (“Yo ya no tengo salud física. Yo soy candidata y pedí una lista ejemplar. Ya di en su momento la interna con Lousteau”). La UCR capitalina podría elegir su propia estrategia electoral para el distrito y, ante la negativa del Pro a constituir Cambiemos en la ciudad, presentarse al margen de (y en competencia con) la coalición oficialista nacional.

Carrió ha descendido al escenario capitalino cimitarra en mano, dispuesta a dejar fuera de juego a Lousteau, un rival al que elige menospreciar (“No podemos estar pendientes de los gustos de un niño”), pero que la inquieta tanto como a la cúpula del Pro.

En cualquier caso, convertida en instrumento estratégico del Presidente en el distrito porteño y con el crédito de una cesión de objetivos en el distrito bonaerense, el poder negociador de la chaqueña en el seno de la coalición oficialista se ha expandido. Ella seguirá orejeando sus cartas y tirando señas falsas mientras discute el reparto de poder y candidaturas, preparada para ubicar gente propia, para vetar y conseguir desplazamientos de “impresentables” (como suele llamar a gente con la que no simpatiza).

Por su parte, Mauricio Macri, además del desafío bonaerense (la madre de todas las batallas), afronta otro, quizás más sensible, en la ciudad que su partido gobierna desde hace una década. Una vez que sume la candidatura de Carrió, sólo una victoria arrolladora constituiría un éxito satisfactorio.

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