Museos
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La historia, domesticada

El vestido de Juana Azurduy vuelve a presentarse en público, con una gran performance de la modelo Erika López.
Erika López, en el papel de Juana Azurduy, junto a los infernales
Erika López, en el papel de Juana Azurduy, junto a los infernales

La reproducción histórica del traje de Juana Azurduy, realizada por profesionales de la Escuela de Artes y Oficios de Salta, ha vuelto a ser exhibido públicamente. Otra vez, la elegida para encarnar la gallarda figura de la guerrera altoperuana ha sido la impactante modelo salteña Erika López, oriunda de Rosario de Lerma.

Con gracia poco habitual, la señorita López ha lucido el traje de Azurduy, pero por su exquisita profesionalidad podría haberse puesto cualquier otra ropa que igualmente hubiera deslumbrado al público.

No han tenido la misma suerte sus compañeros de pasarela, excepto el infernal que aparece a su derecha (izquierda en la foto), que ha logrado dar vida con maestría a los guerreros que formaron los regimientos de caballería del General Güemes.

Lamentablemente, los otros modelos parecen que se han tomado el desfile con cierta alegría, y en vez de ensayar la seriedad y el rigor de las posturas castrenses, han preferido hablar amigablemente entre ellos como si la guerra y la independencia fueran pura fiesta. Entre los dos parece haberse entablado un diálogo parecido a este: «¿Y, flaco? ¿Qué tal? ¿Cuántos godos liquidaste hoy? -Mirá, hoy me levanté tarde, así que no pude rechazar la vigésimo séptima invasión».

Sobria, elegante y distinguida, López le dio un enorme brillo a su papel, hasta el punto de que la modelo consiguió destacar como ninguno otro lo hizo la obra de la diseñadora Ruth Martínez, docente del taller de diseño de la Escuela de Artes y Oficios de la Municipalidad, creadora del atuendo de la coronela.

Fueron las profesoras del taller de corte y confección Adriana Aguirre, Silvia Castro y Cristina Hoyos las que terminaron de dar los tijeretazos maestros a este uniforme patrio.

Desde hoy, en la retina de los salteños quedará la imagen de la oficiala de Güemes, pero no de esa «mujer de fuerte personalidad, gesto adusto y presencia contundente» que en realidad fue Azurduy, sino de la fina y etérea Erika López, cuyo mérito consiste en haber endulzado al personaje histórico hasta límites insospechados.

Los súbditos de Su Majestad, si vieran hoy en el bellezón en el que se ha convertido la áspera Juana Azurduy, en vez de combatirla, caerían seguramente rendidos a sus pies.

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