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- Desde el 1 de febrero de 1997 sirviendo a los salteños

El poder del Mesías

Así como el Señor del Milagro seduce inmediatamente a los Arzobispos que llegan desde otras partes del país, por Messi pueden pasar los entrenadores que quieran, que el astro seguirá imponiendo su juego y sus goles.
El Señor del Milagro y Lionel Messi
El Señor del Milagro y Lionel Messi

No se trata de hacer comparaciones absurdas que rozan el sacrilegio, como acostumbran a hacer, por ejemplo, los «maradonianos», cuyas exageraciones teológicas son bastante conocidas. De lo que se trata en todo caso es de poner de relieve aquí una curiosidad, que se hace cada vez más llamativa a medida que cambian los obispos y los entrenadores.


Partimos de la base de que el Señor del Milagro es un activo preponderamente salteño. Como Güemes, salvando las distancias.

Pero sucede que ninguno de los obispos que han dirigido la Archidiócesis local desde su creación -incluyendo al actual- han nacido en Salta. El primero, Roberto J. Tavella, había nacido en la Provincia de Entre Ríos; el segundo, Carlos Mariano Pérez, al sur de la Provincia de Buenos Aires; el tercero, Moisés Julio Blanchoud, en la Provincia de Santa Fe; y el actual, Mario Antonio Cargnello, en la Provincia de Catamarca.

No es llamativo, por supuesto, que los obispos forasteros «abracen» rápidamente al Señor del Milagro como propio, puesto que no solo el amor les viene impuesto por el cargo que ostentan, sino porque nuestro Patrono se hace querer con tan solo conocerlo, de puro buenazo y milagroso que es.

Pero hete aquí que cada uno de los Arzobispos que ha regido nuestra Iglesia local parece haber nacido sabiéndose de memoria la Novena. Ellos terminan siendo más «milagreros» que cualquier salteño, por muy devoto que sea. Lo cual, por supuesto, no está mal, y habla en todo caso de la capacidad que tiene nuestra sociedad de comunicar al recién llegado las costumbres, tradiciones y creencias de esta tierra.

Por supuesto, en esta tarea de «retroevangelización» la sociedad enseña rápidamente a los obispos recién llegados quién manda en estos achatados valles. Puede el prelado pisar el Palacio Arzobispal con ganas de trasladar a los hechos el principio de la igualdad de todos los seres humanos en tanto hijos de Dios, que los poderes fácticos no tardarán en señalarle dónde están los límites.

Algunos de los Arzobispos anteriores venían de lugares en donde rara vez tiembla la tierra. Desembarcar en Salta era para ellos, ya de por sí, un desafío. No solo por el susto que meten en el cuerpo los terremotos, sino porque el Arzobispo, para el feligrés común, es algo así como el gerente de la compañía de seguros que suscribe nuestra secular póliza antisísmica, cuya titularidad corresponde indiscutiblemente al Señor del Milagro.

El caso de Messi

Algo parecido, aunque no exactamente idéntico, sucede con Lionel Messi y sus sucesivos entrenadores.

Estos últimos provienen de diferentes lugares y de clubes distintos, pero cualquiera sea su estilo o su filosofía de juego, terminan adaptándose a Messi, a quien si antes no veneraban, comienzan a rendir los honores reservados para el mejor jugador de la historia. Solo falta que le recen también una novena.

Da igual que los técnicos sean holandeses, catalanes, asturianos, extremeños o santafesinos, y que juegen con defensa de tres, de cuatro, con doble pivote o con un solo delantero de punta. El que manda es Messi, siempre.

Para más inri (la expresión viene al pelo), la «entronización» del ídolo rosarino se produce más o menos para las mismas fechas en que el señor Arzobispo decide sacar a las Sagradas Imágenes de su bello camarín para colocarlas en un pedestal, a ambos lados del altar mayor. Es decir, que para cuando los salteños nos zambullimos en el rezo diario de la Novena, Messi ya está disputando la Champions League y metiendo goles como un muñeco poseído.

Pero las analogías se detienen aquí. Dentro de algunos años -que la hinchada argentina espera que sean muchos- el goleador rosarino no podrá levantar un pie y, para cuando Thiago le dé sus primeros nietos, sus goles fantásticos serán solo un recuerdo o una inspiración para los creadores de vídeojuegos. Mientras, el Señor del Milagro seguirá rozagante, majestuoso delante de sus brillantes rayos de plata, cautivando a obispos recién llegados y llevando tranquilidad infinita a sus incondicionales fieles.

Ahora bien, entre esas tranquilidades milagrosas -según una encuesta extraoficial del Ministerio de Turismo- se cuenta la posibilidad de que el Patrono Tutelar de la ciudad de Salta interceda ante su augusto Padre para que el citado Lionel Messi le llene la canasta al Perú, a ser posible en la Bombonera. La citada encuesta dice que un 73,21 por cien de los feligreses pide como intención que desea alcanzar en la Novena, no la mayor honra y gloria de Dios ni el bien de su alma, sino la clasificación para el Mundial de Rusia 2018.

Y es que no solo de terremotos atajados vive el hombre. Si el Arzobispo suscribe esta súplica popular, deberá dedicar el solemne triduo de pontificales, y un parrafito del pacto de fidelidad, a rezar por una goleada (a favor) que aleje a la Selección del nefasto quinto puesto de la clasificación.

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